Por: Bernardo De la Torre / Licenciatura JRF

De nueva cuenta Alemania y México se verán las caras en un Mundial sub-17. Dos nuevas generaciones representando a estos países enfrentándose en fase de grupos en Chile. Pero hace 4 años México logro una hazaña en su suelo ante los alemanes, sus actores en ese entonces secundarios ¿habrán logrado papeles protagónicos? En vísperas de un nuevo choque entre estos dos equipos recordaremos que fue de esos jóvenes que jugaron en Torreón.

En el caso de México ninguno de esos once “héroes” ha trascendido desde ese día. El caso más decepcionante es sin duda el de Julio Gómez. La “Momia” se ganó su apodo luego de sufrir una herida en la cabeza en la jugada del segundo gol de México contra Alemania. Sin cambios disponibles Gómez regresó al campo y en un tiro de esquina se tiró de chilena para firmar el pase a la final. En todo México las bandas en la cabeza se pusieron de moda, todos las tenían. En el Azteca la gente usó ese símbolo como muestra de perseverancia. Pero su epopeya acabó tan pronto terminó el Mundial. Su indisciplina le jugó en contra y no pudo hacerse de un lugar ni en Pachuca o Chivas. Aquel héroe se diluye en los Cafetaleros de Tapachula en la liga de ascenso, sin saber si volverá a vestirse de verde de nuevo.

El más internacional es el arquero Richard Sánchez, quien sigue jugando como portero en el FC Dallas de la MLS. El resto se debaten entre la primera división mexicana y la liga de ascenso. Quienes han tenido la suerte de llegar al fútbol profesional mexicano han sido pocos. Arturo González es el que mayores reflectores tiene, titular con Atlas y parte del equipo preolímpico que irá a los Juegos Olímpicos de Rio 2016.

Carlos Fierro se ha vuelto un inamovible en Chivas y su talento puede estar cerca de explotar. Kevin Escamilla trepó las barreras que impiden los debuts en México y ya es del agrado de Guillermo Vázquez en los Pumas. Por su parte Marco Bueno se desempeña como jugador de cambio con el León de Juan Antonio Pizzi, sin trascender para ser considerado para selección mayor. Y Antonio Briseño también pelea por un lugar en Tigres, pero con gente como Egidio Arévalo o Damián Álvarez sus probabilidades de jugar son pocas. El resto luchan por un lugar en primera, como Jonathan Espericueta. Luego de una fallida aventura con el Villarreal B regresó con Tigres, pero no es del agrado del “Tuca” y es relegado a la sub-20.

Como le sucedió a la generación de Perú 2005, está camada de jóvenes parece estar condenada al inframundo y al olvido. El ser campeones del México 2011 fue empírico, ganaron la batalla juvenil pero perdieron la guerra de llegar al estrellato internacional.

Aquellos chicos alemanes han madurado desde ese caluroso día en Coahuila. La mayoría de los 11 titulares pasaron de clubes de segunda división alemana ha importantes clubes europeos. Una de sus figuras, Emre Can, autor de un de los goles de la semifinal está en camino a ser una estrella del fútbol alemán. Juega actualmente en el Liverpool, su traspaso costó 15 millones de euros. El botín de plata del Mundial sub-17, Samed Yesil igualmente dejó el fútbol alemán y se enfiló hacia Liverpool. Yesil convirtió el segundo tanto contra México  y actualmente el club inglés quiso pulirlo aún más y lo cedió al Luzern del fútbol suizo, pero está marcado como una de las promesa del futuro de la Premier League.

Uno de los casos más raros de este equipo es Kaan Ayhan. Alineó en aquella semifinal representando a Alemania, pero gracias a su doble nacionalidad y un permiso de FIFA pudo jugar con Turquía. Ayhan, jugador del Schalke 04, decidió en 2013 seguir representando a los turcos en futuras competencias internacionales. Todos los jugadores de ese once titular ya están jugando en equipos importantes de Alemania, incluyendo el Wolfsburg, Schalke 04, Bayern Munchen y el Werder Bremen.

No pasará mucho antes de que veamos estos nombres en las convocatorias de Joachim Low, esa copa a pesar de no ganarla los ha catapultado a ser una nueva generación dorada del tetracampeón mundial. El tercer lugar en México 2011 fue el trampolín a la grandeza para esos jóvenes alemanes.

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