Por: Liliana Lagunas / Licenciatura JRF
Desde una cabra hasta un videojuego maldito. Desde los documentos de un estadio hasta un entrenador enojado. Estas son las maldiciones que rondan por el deporte mundial. Sin importar cuánto lo intenten, algunos de estos juramentos no han podido ser rotos. Ni siquiera por ellos mismos.
Bien dicen algunos padres, los videojuegos son cosa del Diablo. Se trata de Madden. En tradición, todo aficionado de futbol americano se conoce por comprar el juego para Xbox o Play Station. Sin embargo, el destino o la mera casualidad han querido que los protagonistas de algunas portadas del juego sufran. El jugador con mejor campaña se hace acreedor de engalar la portada de Madden. Hecho que trae mala suerte. En 1999, Dorsey Levens fue elegido para vestir la fotografía del juego. Al año siguiente sólo pudo correr 200 yardas; su carrera vino a menos y en el 2004 tuvo que buscar su retiro. En el 2001, los ojos del Madden se pusieron en el corredor de los Titanes de Tennessee, Eddie George. El jugador era la estrella del equipo, pero después de haber sido la portada, todo cambió. Tuvo una lesión que lo dejó fuera toda la temporada y no pudo ayudar a su equipo en la postemporada. Desde Duante Culpepper; Marshall Faulk; Michael Vick y Ray Lewis hasta Larry Fitzgerald de Arizona y Troy Polamalu de Pittsburgh en el 2010 donde la maldición fue doble, son claros ejemplos del videojuego maldito.
Otra maldición que duró años fue la de una cabra llamada Murphy. Según la leyenda, los Cubs de Chicago fueron malditos por un tabernero y ésta en 1945. Se disputaba el cuarto partido de la Serie Mundial. Los Tigers de Detroit perdían contra los locales cuando Billy Sains llegó al estadio. El inmigrante griego, dueño de la taberna Billy’s Goat quiso entrar acompañado de su cabra. Animal de la suerte para Sains pero la peste para otros en el Wrigley Field. El pretexto para alejarlo del campo no fueron las entradas, ambos tenían. Sin embargo, el olor de Murphy era molesto para todos. “Los Cubs no ganarán nunca más. Los Cubs nunca ganarán la Serie Mundial hasta que le permitan a la cabra ingresar a Wrigley Field”. Desde ese momento, perdieron la Serie Mundial. Murphy murió, y, hasta la actualidad, Chicago Cubs no ha festejado algún campeonato. Muchos han intentado romper la maldición. Pero nadie lo ha logrado, ni el mismísimo Marty McFly.
Siguiendo con el rey de los deportes, la maldición del Bambino puso a los Medias Rojas de Boston en 86 años de sequía. Un Babe Ruth vendido al archirrival. Para el año de 1920, una obra de teatro llamada “Rochel, Rochel” fue más importante que la Serie Mundial. Por poco más de 100,000 dólares, el talentoso lanzador y bateador George Herman Ruth fue traspasado a los Yankees de Nueva York. El motivo, financiar una obra, que sin saber, les costaría casi 90 años de derrotas. La venta de Babe Ruth es considerada como una de las peores en la historia del deporte. En su primer año, el Bambino rompió su propio récord con 54 pelotas sacadas. Mientras que los Medias Rojas se fueron abajo. La maldición de los de Boston terminó en el 2004 al ganar la Serie Mundial contra los Yankees.
Del lado del futbol, una maldición de un entrenador atacó al Benfica. Bela Guttmann, un exitoso director técnico iba a ser despedido. Hace más de 50 años, el entrenador húngaro había llevado a la escuadra de Benfica a dos finales de Copa de Europa. Motivo suficiente para pedir un aumento de sueldo. Por su puesto, al hombre judío le negaron la petición y con esto, llegó la rabia y el abandono de Guttmann: “Nunca, ni en cien años, el Benfica volverá a ganar un título en Europa”. Como es natural, esta maldición no asustó en un principio ni a dirigentes ni a aficionados de Las Águilas. Con el tiempo, se fueron juntando las derrotas en finales europeas y la creencia se soldó. Desde aquel suceso, el Benfica ha perdido un total de cinco finales de Copa de Europa y una de Copa de la UEFA. Cien años tendrán que pasar, puesto que ni Guttmann pudo romper con esa maldición en su regreso al banquillo del Benfica.
La maldición del Tubo Goméz contra el Atlas también tiene su lugar en las filas del futbol. Gracias a la rabia del arquero, el equipo rojinegro cuenta con sólo un título. Esto fue en 1951 después de vencer 1-0 en partido decisivo al Guadalajara. Al finalizar el encuentro, Jaime Gómez mostró su enojo con las siguientes palabras: «Festejen por que no van a volver a ser campeones en 50 años, es más, antes de que me muera no vuelven a coronarse». El portero e ídolo chiva descansa en paz desde el 4 de mayo del 2008 y Atlas sigue sin ser campeón.
La emoción que llega después de ganar la Copa del Mundo puede ser peligrosa. A la selección de Argentina le costaba creerlo, hasta 1986. Los argentinos se preparaban para participar en el Mundial de México. Su estrategia principal era poder aclimatarse a la altura del estadio Azteca. Así que, el equipo dirigido por Carlos Bilardo decidió entrenar días previos en la ciudad de Tilcara, altitud similar a la del Distrito Federal. Algunos jugadores albicelestes decidieron prometerle a la Virgen de Punta Corral, patrona de Tilcara, regresar a la ciudad jujeña en caso de coronarse campeones. El título fue conseguido, de echo, por un milagro divino; la mano de Dios. Sin embargo, los jugadores que prometieron volver, nunca lo hicieron. La respuesta a una promesa no cumplida es que, hasta la actualidad, Argentina no ha vuelto a consagrarse campeón del mundo.
Hablando de fiestas grandes como lo es un Mundial, el Supertazón carga con una maldición irónica. En el futbol americano, jugar una final en casa es lo peor que puede pasar. Desde el 2007, una renovación en la rotación de los inmuebles sedes del Supertazón, ha dejado el juramento de que el equipo anfitrión ni siquiera califique. Los casos más destacados son los de Indianápolis y Nueva Orleans. Los Potros tenían nueve campañas al hilo jugando en enero del 2011. Por lo que había muchas posibilidades de luchar por el pase al Super Bowl. Sin embargo, Peyton Manning se lesionó y quedó fuera todo el año. Lo que llevó al equipo a un patético récord de 2-14. Al año siguiente la oportunidad la tenían los Santos. Quienes con tres años al hilo en postemporada y una máquina de hacer puntos en Drew Brees, eran contendientes. La suspensión del head coach Sean Payton por el escándalo de dar incentivos por lastimar al rival, los dejó fuera con un 7-9.
Dejando el futbol de lado y siguiendo con las lesiones, la NBA se une a la lista de las maldiciones. Los pivots de Portland, los protagonistas de la historia. ¿Qué tienen en común Greg Oden, Arvydas Sabonis, Bill Walton y Sam Bowie? La misma posición y que ninguno de ellos llegó tan lejos como apuntaba. Todo, por haberse lesionado al poco de ser elegidos por los Blazers. Walton llegó a fracturarse a la vez la muñeca, una pierna, la nariz y el pie. Sabonis necesitó de unas plantillas especiales y terapia constante. Bowie jamás llegó a ser un jugador importante y se fue sin haber logrado nada tras cuatro años de lesiones. Por último Oden, en su primera temporada no jugó un solo partido por una operación de rodilla; en la segunda logró jugar 61 a medio gas y con problemas físicos constantes; en la tercera 21 antes de lesionarse de gravedad y así sucesivamente. La moraleja: Si eres pivot y te elige Blazers, deja el baloncesto.
Para finalizar, una maldición que abarca a cuatro equipos de cuatro distintos deportes: los Flyers (NHL), las Águilas (NFL), los Sixers (NBA) y los Filis (MLB). Los fanáticos de Filadelfia creen que la maldición comenzó en marzo de 1987 cuando se construyó un edificio, One Liberty Place. Que sobrepasó, en elevación, a la gigantesca estatua de William Penn que yace encima del ayuntamiento de Filadelfia. Antes de la perforación del contorno de la ciudad por One Liberty Place existía una ley, no escrita, que prohibía que se construyeran edificios más altos que la estatua. Los fanáticos comenzaron a hablar sobre la Maldición de William Penn en mayo del 1987 cuando los Flyers cayeron ante los Petroleros de Edmonton en la serie final de la National Hockey League. Mismos que no han regresado a la serie final de su liga en los últimos 10 años. Las Águilas han participado en sólo un Súper Bowl durante el periodo de la maldición. Los Sixers alcanzaron la serie final de su liga solo una vez desde que comenzó la maldición. Los Filis han jugado en sólo una Serie Mundial donde los Azulejos de Toronto se hicieron campeones de la Serie Mundial de 1993.
Creyentes o no, estas son las maldiciones más populares dentro del deporte mundial. Creyentes o no, algunos dirigentes y aficionados viven del recuerdo y su objetivo es nunca dejar pasar una promesa. Otros, se cuidan de aparecer en portadas o en la misma grada que una cabra.














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