Por: Luis Meza / Licenciatura JRF

Recuerdo muy bien este día hace siete años. Mi padre pasó por mi como todos los días a la escuela, ubicada en la colonia del Valle. Mi papá tenía la buena costumbre de traer un periódico deportivo todos los días en el tablero del coche. Siempre me provocó una tremenda curiosidad de tomarlo y saber que era lo que pasaba en el mundo fantástico de los deportes. Esto hacia que el camino a casa me fuera más ameno, y así evitar el exasperado tráfico de la Ciudad de México.

Eran las dos de la tarde y un calor sofocante nos invadió en el semáforo que esta exacto antes de cruzar Insurgentes. Aún no había tomado el periódico, y justamente cuando iba a realizar mi rutina de lector, mi viejo me dio un de las noticias deportivas más tristes que me han tocado vivir como aficionado. «Le dieron un balazo a Cabañas», esas 6 palabras tan duras salieron de su boca,solo estaba esperando mi reacción ante ellas. Al término de estas, quede patidifuso, estupefacto. A mis 13 años ya tenía la noción de como el deporte era factor importante en mi vida. Pero en especial ya tenía a mis próceres del fútbol, y entre ellos destacaba Salvador Cabañas.

No podía creer semejante noticia y para confirmarlo tome el diario y leí aquel título sorprendente. Había llegado a casa y de inmediato prendí la televisión. Todos los canales hablaban de lo mismo:la tragedia del guaraní. Aún recuerdo su último partido vistiendo la remera del Club América. Fue en el Estadio Morelos frente a Morelia; los de Coapa fueron derrotados en aquella ocasión por marcador de dos a uno. En ese partido, Cabañas nos regalaría la última de sus obras futbolísticas: el gol. Y es que fue difícil la partida del paraguayo.

Los americanistas aún extrañan su entrega, sus goles, su pasión, su hambre de triunfo. El Estadio Azteca recuerda las maravillosas pinturas que nos regalaba cada domingo. Nadie olvidará los 66 goles que marco con el equipo azulcrema. Nunca ganó un título con el América pero eso nunca fue un impedimento para dudar de su categoría con el balón. Jugador estoico, guerrero, inteligente, goleador, en fin, Nunca acabaría de describir todas sus fortalezas y virtudes dentro de la cancha. Siete años de aquel terrible suceso, siete años de que el fútbol perdió un gran artista, siete años de decir: !Gracias Chava!

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