
Por: Estelí Serna & Bruno Berthely
A un año de su regreso a La Liga Santander, el Real Valladolid volvió a la Segunda División, un equipo que concretó así su onceavo descenso de su historia.
Un equipo que ya estaba dejando malas sensaciones, ya que no conseguía una victoria en sus últimos siete partidos, y si quería mantener la permanencia, tenía que sacar los tres puntos en su casa contra el Getafe.
La realeza del Valladolid no apareció para darle ese milagro a su gente. Los aficionados llorando en las gradas, la tristeza que vivían todos en el Estadio Municipal José Zorrilla. El Valladolid vivió en descenso en su casa y con tu gente y sin realmente estar cerca de meter ese gol que los mantenía en primera división, es la impotencia que se vivió en Valladolid.
Lo fenómeno que tenía Ronaldo, se quedó en los terrenos de juego, ya que como presidente del Valladolid, no ha sabido tener esa constancia para mantenerlos en primera división, y vuelve a consumar su segundo descenso como dirigente. De igual forma su técnico, Paulo Pezzonalo, replica su misma fórmula que hizo en la Liga MX con Pachuca, que fue fracasar.
Un juego sin ideas, sin profundidad ofensiva, y en donde hubo un total de cero tiros a portería, en donde lo más cerca que ha estado el Valladolid de salvarse no ha sido gracias a ellos, si no a los resultados que estaban pasando en los otros juegos, ya que al medio tiempo se estaban dando dichos resultados que necesitaba para salvarse.
Ya que con el empate del Valencia ante el Betis, el otro equipo que se estaba jugando el descenso era el Almería, que se enfrentaba de visita ante el Espanyol, equipo ya descendido.
Un encuentro, que ha diferencia del 0-0 del Getafe y Valladolid, fue bastante rispido y con muchas llegadas.
Un partido que hasta el minuto 88, el Espanyol le estaba haciendo el favor al Valladolid, pero un penal que fue dado gracias a la revisión del VAR, anotado por Adrián Embarba, engañando por completo a Joan García, portero del Espanyol, sellaba su permanencia en primera división.
Un equipo que sin ser tener la realeza del Valladolid, demostró que al menos tuvieron la garra y el coraje de luchar con sangre y sudor hasta el último momento para conseguir eso que ellos y su gente tanto anhelaban, su permanencia en primera división.

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