
Por: Rodrigo Ramos //
El mítico número 34 de Fernando Valenzuela, fue inmortalizado en lo alto del Dodger Stadium. Aquel dorsal que “El Toro” vistió durante su exitosa carrera, ahora permanece postrado durante la eternidad, en lo alto del jardín izquierdo del recinto que, en más de una ocasión, coreó su nombre.
Como si de una fiesta mexicana se tratara, la leyenda de Etchohuaquila Sonora, pisó el campo, en que alguna vez se consagró campeón, al ritmo del mariachi y ante el alarido de la afición que, desde hace 42 años, no ha dejado de corear su nombre ni vestir su casaca.

Con una sonrisa que poco a poco se convirtió en un emotivo gesto, Fernando escuchó, casi al borde las lagrima, los elogios y felicitaciones de Jaime Jarrin, histórico relator que, durante más de una década narró las hazañas logradas por el pitcher mexicano y que hoy tiene su nombre inmortalizado al lado del “Toro”, en el “Honor Ring” del Dodger Stadium. Pues quien durante muchos años fue la voz del equipo angelino, era el único capaz de poner en palabras aquellos mágicos lanzamientos del número 34.
Pasados los discursos del resto de los invitados a la ceremonia, entre los que destacan Mike Scioscia y Julio Urías y después de que se mostrará en las pantallas videos especiales con felicitaciones por parte de Adrián “El Titan” Gonzales y Julio César Chávez, Fernando finalmente tomó los micrófonos y tras una larga ovación por parte de la afición, no hizo más que agradecer por el gesto y recibimiento a su envidiable carrera.
“Muchas gracias a mi familia, a mis hermanos. Es un momento hermoso, gracias a los Dodgers por retirar mi número” dijo bastante conmovido el celebrado, que añadió “creo que este será el año en que los Dodgers puedan ganar un campeonato, la ciudad y los fans lo merecen”

Pasada la euforia, el mexicano recorrió el campo, como lo hizo por primera vez en 1981. Cuando llegó con 20 años a la Ciudad Ángeles y dejó maravillados a todos, con los lanzamientos logrados por aquel niño regordete, que parecía buscar una respuesta divina antes de cada lanzamiento, mientras miraba al cielo y soltaba de su brazo una pelota que muy pocos lograban batear.
Mientras las lágrimas se hacían presentes en más de un aficionado mexicano, que recordaba con nostalgia aquella época de la “Fernandomania”. Finalmente, la bola blanca con contorno azul y el número 34 en el centro, fue desvelada. Al tiempo que la música de mariachi volvía a sonar y el nudo en la garganta regresaba para Fernando. Difícil trabajo para el pelotero contener el llanto ante tal muestra de admiración, por parte de la afición y de su familia, que lo acompañó en todo momento y no dudo en posar a un lado de él.

Una simple formalidad por parte del equipo, que tomó más tiempo del esperado, pues la historia de los Dodgers decía, no podían retirar el número de alguien que no estuviera en el Salón de la Fama, reconocimiento que a Fernando no se le ha dado.
La emoción no se quedó solo en el campo de juego y antes de que diera comienzo la ceremonia, el Ayuntamiento de la Ciudad de Los Ángeles, dio una conmemoración que muy pocos deportistas pueden presumir. Pues proclamó el 11 de agosto como el día de Fernando Valenzuela, muestra del referente que se ha convertido este pelotero, no solo para la comunidad latina, sino que para una ciudad entera.

Pero la ceremonia no podía esperar más tiempo, pues aquel mexicano que peleó para ganarse un lugar en el equipo y la aprobación del manager Lasorda, es el jugador más querido por parte de la afición, quienes nunca dejaron de vestir su jersey y mostrar con orgullo el número 34, que casi como una bandera, era un símbolo de orgullo nacional, para todos los mexicanos que, a miles de kilómetros de su lugar de nacimiento, encontraron en Fernando, algo que los acerca su país.
Foto: @AP
Foto: @Dodgers

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