Por: Luis Fernando Medina //
El ruido de la casa Xeneize no impidió que los Millonarios se llevaran la victoria ante un impreciso Boca Juniors que alineó a varios suplentes.

Día especial para el futbol en Argentina: se escribió un nuevo capítulo del Superclásico. Boca Juniors salió con un cuadro alternativo, por lo que River Plate era fuerte al ataque. Miles de almas entregadas al escenario pletórico con su euforia habitual. El cuadro Xeneize en su casa es fuerte, y River no había logrado llevarse la victoria de visita en los últimos cuatro duelos frente a su máximo rival.
El estruendoso estadio argentino no paró de cantar y miles de papelitos dorados cayeron en el campo. River, al frente, comenzó a tocar el balón entre líneas y fue peligroso, sin embargo, abundaron las imprecisiones de cara al arco. Boca no se encontró y la experiencia de los Millonarios inclinó el duelo a su favor. Martín Demichelis sabía la relevancia de este juego, pero permanecía tranquilo en su banca sin moverse. Combinaciones de pases en la media cancha mantuvieron a Boca en su propia mitad. Salomón Rondón en la punta y Darío Benedetto en el otro extremo tenían preparado algo especial.
River Plate controlaba el partido, era de ida y vuelta, con ocasiones para ambos, aunque sin peligro absoluto en los marcos. En una jugada por la banda izquierda, se encontraba al frente la escuadra millonaria. Boca, sin poder hacer más, rechazó el balón al centro del campo; ahí, Enzo Pérez remató directo al portero, Sergio Chiquito Romero, pero la desvió Rondón favorablemente hacia la red. Antes del descanso, el portero mundialista ya era determinante para que no aumentaran la ventaja en contra de su club.
Boca Juniors entró al segundo tiempo con la inercia de igualar el marcador a como diese lugar. Jorge Almirón mandó tres cambios para revertir la situación del equipo: Valentín Barco, Ezequiel Fernández y Cristian Medina ingresaron `para encontrar las redes enemigas. La posesión cambió de dueño junto a las posibilidades de anotar en la justa. La Bombonera, a todo pulmón, soñó con ese mágico momento de reventar el marco rival, no obstante, una vez más Romero, el mejor de su equipo, sacó la primera ocasión de peligro en la segunda mitad; Ezequiel Barco, muy participativo a la ofensiva, lo intentó.
Edinson Cavani entró, con sus años de militar en Europa encima, obligado a cambiar la suerte de su equipo. Casi al instante, el uruguayo remató en el área chica con una chilena espectacular que, de rebote, entró dramáticamente el balón a la portería de Franco Armani. Sin poder festejar al instante, el abanderado señaló un fuera de juego milimétrico que cambió lo pensado por toda la Argentina que miraba este duelo.
En los últimos minutos, el Superclásico argentino se tornó electrizante, en sintonía con el cansancio que denotaban los duelistas. Boca, sin temor, buscó igualar. En desesperación, ambos equipos salieron con mucha fuerza a tratar de generar jugadas de gol. El encuentro se escurrió poco a poco en el cronómetro. A River, entre manos, le salía su estrategia, y Boca seguía con imprecisión total. En la última oportunidad de anotación, una falla defensiva en el área Xeneize le dejó el balón a Enzo Díaz para sentenciar el marcador en La Bombonera.
📸: River Plate

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