Por: Odiseo González
El clásico español, Sevilla enfrentándose al Betis, trae una serie de emociones para los aficionados que sienten cada segundo del partido en carne propia.

Entre las calles de Polanco, el restaurante Pinche Gringo albergó el WatchParty del derbi sevillano donde el Real Betis y el Sevilla despertaron pasiones. De todas partes del mundo, los aficionados se reunieron para vivir la atmósfera de uno de los mejores partidos de España en México.
Pocas cosas crean en el ser humano las sensaciones que genera el fútbol y es que este deporte es capaz de hacer sentir odio o amor, unir o dividir; esta vez unió. Juntó a un grupo de españoles que aunque se encuentran fuera de su país, querían sentirse un poco más cerca del club de sus amores, el Sevilla.
Cada blanquirrojo de corazón tiene su historia y su origen. Desde un nacido en Triana, un sencillo barrio de Sevilla que ahora vive en la Ciudad de México; hasta un padre de familia que radica en Queretaro y que busca transmitirle el mismo sentimiento a sus hijas, manejó hasta el restaurante para presenciar el encuentro en esta WatchParty.

El grupo de amigos pudo participar en dinámicas y tomarse fotos con algunos productos oficiales de La Liga, aunque ellos iban más a disfrutar del ambiente, pues inmediatamente después de que vieron a algunos aficionados del Betis, comenzaron a cantar. Los béticos respondían y aquel restaurante en Polanco comenzaba a ser invadido por una atmósfera del mismísimo centro de Sevilla.
Todo era cánticos y alegría hasta que los verdiblancos anotaron el primer gol del encuentro. Aquel tanto dejó mudos a nuestros protagonistas y un silencio invadía la zona en la que estaban sentados, mientras que el fervor se escuchaba en las mesas aledañas con aficionados del Betis.
Por fortuna para los sevillistas, Ivan Rakitić empataba el encuentro y todas las voces se unieron en un grito de gol. Desde las niñas pequeñas que comenzaban a sentir la pasión y el amor por un equipo, hasta el hombre que con una cerveza en la mano y los brazos en alto recordaba su barrio allá en casa, Triana.

Así, el encuentro terminó en un empate y entre aplausos el entusiasmo poco a poco comenzó a decaer. Aquella atmósfera que transportó a todos hasta España lentamente se desvanecía y nuevamente regresaban a la realidad aquí en México. Finalmente, se despidieron y se derritieron en un caluroso abrazo, uno que podría traducirse en una promesa de que siempre esté presente que el club que tanto aman, así como ellos intentaran estarlo también.

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