Por: Douglas Sierra //

Los Villanos asaltan a domicilio el cuarto lugar de la tabla a los Spurs, luego de aprovechar su falta de contundencia.

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El que perdona pierde. Pocas veces esa frase había adquirido tanto sentido como esta mañana con lo sucedido en el Tottenham Hotspur Stadium. Se rumora que Heung-min Son aún permanece en fuera de juego y reflexiona cuál sería el resultado del Spurs-Aston Villa si sus tres goles anulados -por posición adelantada- hubiesen subido al marcador.

Giovani Lo Celso golpeó primero. En un tiro de esquina, esperaba con calma en los linderos del área, mientras los jugadores visitantes ignoraban totalmente su marca. El balón llegó a los pies del argentino, que remató de volea y venció a “Dibu” Martínez con la colaboración de un desvío de Diego Carlos. De hecho, más tarde advirtieron sólo esa ayuda le iba a permitir a los Spurs dar con las redes rivales.

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Esta vez, tenían la esperanza de finalizar el partido con la ventaja. Contra el Chelsea y el Wolverhampton también rompieron el 0-0, pero se fueron del juego derrotados. Ahora, Ben Davies, Destiny Udogie, Dejan Kulusevski, Heung-min Son, Brennan Johnson y Pedro Porro fallaron ocasiones claras de gol; es decir, seis distintos futbolistas del equipo londinense tuvieron la oportunidad de anotar y no lo consiguieron, lo cual es sumamente atípico.

La creatividad para llegar al arco de los Villanos no era el problema, sino la falta de contundencia. Entre postes, remates fallidos, posiciones adelantadas y balones sin contactar, el fantasma de los últimos partidos se apoderaba del Tottenham. Tenía la pólvora húmeda.

Entonces, llegó Pau Torres en pelota parada a empatar el cotejo. El rostro compungido de Ange Postecoglou evidenciaba la preocupación colectiva; simultáneamente, Unai Emery celebraba con euforia. Después, Ollie Watkins fue el encargado de anotar el 1-2 con el que concluyó el partido.

A pesar de eso, los Spurs nunca se rindieron y lo intentaron, pero no lograron imponerse en el resultado. Generaron 18 tiros; ocho al arco, nueve fuera y uno bloqueado (expectativa de gol de 2.34). Si bien Martínez atajó algunos disparos, el verdadero villano no estuvo en el equipo de Birmingham, sino en la imprecisión de sus propios jugadores.

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El Tottenham se desinfló. Hace tres fechas era líder y hoy es quinto en la tabla con tres derrotas al hilo. No obstante, la verdadera clave de la debacle tiene como gran ejemplo este enfrentamiento. Si bien se había caracterizado por marcar al menos dos goles por partido, desde que James Maddison se lesionó, no lo ha replicado. La figura inglesa se llevó consigo la contundencia de su equipo.

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