Por: Douglas Sierra //

Miguel Layún disputó su último partido como futbolista profesional y entregó un título más al club de sus amores: el América

Llegó y todo lo malo era su culpa; se fue y dejó tres trofeos en la vitrina. En una noche donde todos los focos se dirigieron hacia el catorceavo trofeo de liga para el América, hubo un personaje que se despidió del futbol con una historia muy conmovedora: Miguel Layún.

Resiliencia y superación pura son los pilares que sostienen el mensaje con el que cuelga los botines, el cual carga la consigna de trascender generaciones: “Aprovecho que está toda la gente aquí para decirles que luchen por cada uno de sus sueños”.

Quién más para mencionarlo sino el futbolista mexicano que funge como el ejemplo más reciente de que una carrera puede estar sumergida en el abismo; sin embargo, la mentalidad es aquello que puede ser el aliciente más importante para escalar.

Nunca va a ser fácil. Muchas veces (los sueños) van a llegar en momentos que no nos imaginábamos y cuando los esperamos no van a aparecer, entonces lo más importante es que sean resilientes y determinados para saber encontrar el momento”, aseguró Layún, invadido por un semblante de satisfacción y plenitud.

No importaba en qué sector de la cancha se encontraba porque él estaba listo para repartir sonrisas. El trofeo del Apertura 2023 sin duda, ante las cámaras, recibió más cariño del dos veces mundialista con México que de cualquier otro jugador, entre sus besos y su firmeza para sostener el máximo galardón con ambas manos.

Incluso, antes de marcharse al vestidor, compartió un momento emotivo con la afición americanista al subirse a las rejas para entonar un último: “¡Olé, olé, olé, olé! ¡Layún, Layún!”. Sin importar los desencuentros entre ellos, la coronación fue ese Abrazo de Acatempan con el que Miguel Layún deseaba cerrar la cortina. “Me dejé todo lo que tenía en el futbol”, finalizó.

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