La afición mexicana impulsó a la selección mexicana de básquetbol a ir por la victoria.

Por: David Torrijos
La noche se posa sobre las majestuosas y soberbias instalaciones de la Arena CDMX. Los aficionados, con la fe de ver a México ganar, llegan al gran recinto.
La frustración no se ha ido de los jugadores de la selección mexicana de básquetbol, después de aquella mala experiencia en Santo Domingo.
Era el regreso de los 12 guerreros a la Ciudad de México, ante una selección top 10 del mundo. Oportunidad de oro para la afición mexicana para defender y apoyar a los suyos.
Cada canasta y cada esfuerzo realizado por sus guerreros era festejado como una victoria. Los tiros de tres puntos eran la gasolina para mantener animada a la fanaticada local.

En cada aplauso y en cada grito de apoyo se percibía la fuerza y motivación que se impregnaba en los “niños héroes”, apodados así por Omar Quintero.
Gael Bonilla, el cumpleañero era animado por gran sector de la grada; su familia era la que apoyaba al equipo pero en específico a él, a la estrella del partido.
Era el regreso de la selección mexicana de básquetbol y la afición no lo dejó pasar desapercibido, gritando “sí se puede” y “¡México! ¡México!” Impulsaban a los suyos a creérsela, a confiar en ellos mismos para superar la adversidad.
Tensión, nervios y ansiedad, eran los síntomas que caían sobre cada butaca de la arena. ¿Viene otra historia como la del partido pasado? ¿Le van a remontar a México en el último cuarto? Las preguntas que cada aficionado odiaba hacerse, pero que era inevitable no cuestionarse.

La afición hizo lo suyo al desconcentrar con abucheos en cada posesión rival. Los dominicanos intimidados ante el gran estruendo de los asistentes, titubeaban.
El miedo y la incertidumbre crecían y pasó lo que todos temían… volvían a empatar a México en el último cuarto.
Era el regreso de los 12 guerreros a la Ciudad de México, pero también volvió la esperanza y la fe en que los resultados se dan y la afición no dejó de alentar.
El sexto jugador apareció, y le dio la motivación necesaria al equipo para ganar en tiempos extra por 80-73 y con la ilusión intacta en la clasificación a la AmeriCup. ¡Gracias guerreros! Fue la expresión que transmitió la afición al final del compromiso, que se van con una gran sonrisa en sus rostros.


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