En el vibrante mundo de las apuestas en el Hipódromo de las Américas, José Cervantes Pérez es una figura emblemática. Desde 1978, este veterano apostador ha sido testigo de la evolución del deporte en las carreras de caballos y ha desarrollado una estrategia de apuestas que lo distingue entre la multitud.

Por: Saúl Galindo
El Hipódromo de las Américas, con su majestuosa pista y la emoción que se respira en cada carrera, ha sido el escenario de innumerables historias de triunfo y desilusión. Pero entre todas esas historias, la de José Cervantes Pérez destaca como una leyenda viviente, un testimonio del espíritu indomable de los apostadores y la pasión por el hipismo.
Desde 1978, José ha sido una figura constante en las gradas del Hipódromo. Su presencia es tan parte del lugar como los propios caballos. Con su libreta en mano, analizaba cada detalle, se ha convertido en un símbolo de la sabiduría que sólo los años y la experiencia pueden otorgar. Estudia al jinete, la distancia de la carrera, las victorias previas, y hasta el más mínimo cambio en la pista, ya sea lodosa o encharcada.

A pesar de su éxito, José prefiere la soledad a la hora de apostar, consciente de que las decisiones deben venir del propio juicio y no de la influencia de otros. “Si vienen ellos que vengan por su gusto”, comentó, enfatiza que cada quien debe asumir la responsabilidad de sus apuestas.
Para Cervantes, elegir al caballo ganador es un arte que combina intuición y análisis meticuloso. Se basa en factores como la habilidad del jinete, la distancia de la carrera, el historial de victorias y las condiciones de la pista. La cuadra y el comportamiento previo del caballo también juegan un papel crucial en su toma de decisiones.
Pero si hay algo que destaca en su carrera como apostador, es el día en que las superfectas cambiaron su vida. Con un boleto que apostaba al cuarto lugar y que le costó $720 mil pesos, (en ese entonces tenían tres ceros el peso).
Cervantes vivió un momento de desilusión al ver que su caballo había quedado en quinto lugar. Sin embargo, un giro del destino reveló que el pago se extendía más allá de los tres primeros lugares, alcanzó una suma de diez millones 700 mil pesos por cada mil en el tablero. Un boleto desechado y luego recuperado por otro espectador resultó en un premio de más de 41 millones de pesos.

Un Hipódromo. un lugar para José; no es sólo un lugar de apuestas; es un hogar. Aquí, ha vivido sus mayores alegrías y también tristezas, como aquel día histórico de las superfectas, donde su intuición lo llevó a apostar por el cuarto lugar, pero la suerte no estuvo de su lado.
Las lecciones de un veterano, el consejo de José a las nuevas generaciones de apostadores es un eco de las paredes del Hipódromo: “Aprendan a leer el programa, analícenlo, entiendan cada detalle”. Es una invitación a sumergirse en la cultura del hipismo, a entender que cada carrera es una narrativa en sí misma y que el éxito reside en la capacidad de leer entre líneas.

La historia de José Cervantes y el Hipódromo de las Américas se entrelazan en una danza de destino y probabilidad, donde cada apuesta es un verso en el poema de la vida de este emblemático lugar.

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