La Máquina Celeste no prescindió del liderato ante el parón por la Leagues Cup; de nueva cuenta abrió la valla en el último minuto para rescatar un valioso punto ante Diablos Rojos del Toluca, cortesía de Ángel Sepúlveda.

Por: Douglas Sierra
La Máquina trastabilló en el infierno del contraataque. Después de estar endulzado con el gol por tres jornadas, el Toluca supo replegar con orden y Cruz Azul, no sólo tuvo dificultad para anotar, sino que se partía fácilmente ante cada pérdida.
El Ciudad de los Deportes presenció uno de los bloques bajos más resistentes del Apertura 2024 hasta el momento. El planteamiento de Renato Paiva apostaba por la verticalidad de sus volantes, los apoyos del punta y la llegada de segunda línea de los mediocampistas.
Las transiciones de los escarlatas eran veloces cuando recuperaban la posesión, tras decidirse a entregar la iniciativa a los locales. Sin acumular tantos toques, consiguió intimidar al conjunto más sólido de la liga, y el gol de Maxi Araujo llegó. Una pared entre Paulinho y el uruguayo bastó para ponerse arriba, aprovechando la ubicación adelantada de los centrales.

Entrega metros para correr al Toluca y te dañará. Cada contra ponía en escena a una línea defensiva celeste reculando en solitario, en igualdad o inferioridad numérica. Si el centro delantero portugués partía unos centímetros atrás en sus dos goles anulados por fuera de lugar, el marcador no hubiese sido tan generoso con Cruz Azul.
Aún así, anotó y las posturas se hicieron más evidentes: un local propositivo contra un visitante metido en su campo. En el arte del ataque posicional, La Máquina encontró trabas en su funcionamiento. Careció de presencia interior pese el intercambio constante de posiciones y alturas por parte de ‘Charly’, Romo y Faravelli.
“Ha sido tácticamente un partido muy bonito. Sentí que el partido fue muy rico. Fue un partido de tú a tú”, aseguró Paiva, quien sabía perfectamente que hizo todo para salirse con la suya. La idea premeditada se cumplía.
El reloj avanzaba y Cruz Azul perdía todos los duelos contra la zaga de los Diablos. La amenaza más grande se había quedado en el primer tiempo con los desmarques laterales y los centros cruzados; la imprecisión imperó.
Pero no desistieron los de Martín Anselmi, factor que el argentino no dudó en aplaudir: “Los fuimos a buscar, tuvimos un montón de remates a favor. Me siento muy contento por la entrega, por la intensidad, por cómo compiten y creer que se puede”.

Y así fue, centraron incansablemente; entraron Antuna y Cándido. Los duelos por las bandas estaban cantados y Toluca cerró la noche en 5-4-1, con los volantes dedicados a apoyar a los laterales para hacer el 2vs1. Casi lo logran.
Dolorosa esa última frase, porque trabajaron tan bien defensivamente el juego que parecía amarrado el resultado hasta una jugada insólita in extremis. La que en otros momentos representaba otra acción de rutina, fue el resquicio que Cruz Azul necesitaba para empatar.
Giorgos Giakoumakis aprovechó el amontonamiento de Gallardo y Pereira en un duelo aéreo para cabecear bombeado hacia Ángel Sepúlveda. Este finalizó preciso entre las piernas de Volpi, con la colaboración de un Luan desubicado en la marca. La fórmula de la doble punta funcionó. Empate sellado y se irán invictos a la Leagues Cup.
Y lo que hace más competitivo a un equipo es que, incluso cuando tiene las circunstancias en contra, encuentra siempre la manera de sobreponerse. Esa es La Máquina de Martín Anselmi, una que rebasa barreras y fluye sin importar los fantasmas que han marcado su historia. “Era la intención”, concluyó confiado el “Cuate”.


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