Bajo lluvia y frío, el hipódromo vibraba de emoción. La multitud aguardaba las carreras, donde los mejores caballos competirían bajo un cielo oscuro.
Por: Darian Paniagua
En un día nublado, donde la lluvia parecía querer apagar la fiesta, el hipódromo resplandecía con vida y energía. Los aromas de la comida se entrelazaban con el fresco olor de la lluvia y la calidez de los cuerpos que se agolpaban, creando una atmósfera única.
Muchos con sus sombreros vaqueros, camisas de cuadros y botas bien pulidas, compartían risas y brindaban con cervezas frías, a pesar del clima inclemente.

La vibra era contagiosa; en cada mesa y rincón del hipódromo, se palpaba la alegría de quienes esperaban ansiosos el inicio de las carreras. Las apuestas se hacían con entusiasmo, y se podían escuchar gritos de euforia y nerviosismo mientras los aficionados discutían sobre las probabilidades de sus caballos favoritos.

Los colores brillantes de los atuendos se contrastaban con el gris del cielo, como si la moda vaquera fuera un homenaje a la tradición y a la pasión por las carreras. Entre la multitud, había un grupo notable: los viejillos, muchos de ellos de la tercera edad, quienes traían consigo la sabiduría de años de experiencia en el hipódromo. Sus rostros marcados por las arrugas narraban historias de victorias y derrotas.
Uno de ellos era el querido Modesto, un hombre de 90 años que había hecho del hipódromo su segundo hogar desde 1970, gracias a la herencia que su padre le dejó: el amor por las carreras de caballos.
Su presencia era inconfundible; siempre lleva una chamarra sencilla pero cómoda, y por supuesto, su sombrero, con su aroma característico y un aire de sabiduría, sostenía firmemente sus hojas y pluma, donde anotaba meticulosamente cada dato sobre los caballos.

También es un lugar donde las nuevas generaciones comienzan a forjar su propia conexión con el mundo de las carreras. Desde muy pequeños, los niños son llevados por sus papás, quienes los introducen a este emocionante universo lleno de color y movimiento.
Con sus propios sombreros y botas vaqueras, estos pequeños parecen reflejar a sus padres, mientras corren por los pasillos y observan curiosos.

Uno de los elementos fundamentales de la experiencia en el hipódromo es el libro, la guía de todos los apostadores que contiene un sinfín de información valiosa. No solo presenta la lista de carreras y los caballos que competirán, sino que también ofrece un análisis detallado de cada participante, incluyendo su historial y desempeño; aunque también actúa como un manual para quienes son nuevos en este mundo, ya que las instrucciones son claras sobre cómo realizar apuestas y son esenciales para quienes no tienen idea de cómo empezar.

A las 9:00 p.m., la atmósfera en el hipódromo alcanzó su clímax con el inicio de la décima y última carrera, donde se enfrentarían los diez mejores caballos. Los favoritos para ganar eran los caballos número 6 Jimmy Bly, 7 Imperial Red, 9 Geripork y 11 Mi Vecino, cada uno con características únicas que los hacían destacar entre la multitud.
Resulta bastante curioso que Chocolate Bar, el ganador del año pasado, no haya sido considerado en esta ocasión. Ni siquiera figuraba entre los favoritos, lo cual sorprende aún más, dado su desempeño previo. Es difícil entender cómo algo tan exitoso pudo pasar desapercibido esta vez.
Mientras los jinetes los conducían al recinto, los caballos desfilaban con majestuosidad, luciendo sus relucientes pelajes y la energía que emanaba de cada uno de ellos. El público los observaba con admiración, reconociendo a sus favoritos y emocionándose por el espectáculo que estaba por comenzar.

Al comenzar, los caballos en los que la gente había apostado tomaban la delantera y mantenían el control, sin embargo, fue el caballo número 4, Tormund Giantsbane, quien sorprendió a todos al acelerar su galope y dejar atrás a la competencia.
Mientras los demás caballos luchaban por el segundo lugar, Tormund y su jinete, Luis Villanueva, avanzaban solos, con determinación y aseguraron su victoria en el Handicap de las Américas 2024.

El premio fue entregado al jinete, su equipo y su familia por los periodistas Fernando Schwartz, colaborador de la cadena de televisión Fox Sports y escritor del periódico Esto, Sergio Sarmiento quien es analista político en el programa Tercer Grado de Televisa y también estuvo presente Osmar Olvera, doble medallista olímpico en París 2024.

Durante la ceremonia, todos ofrecieron gratas palabras en reconocimiento a su victoria y al magnífico trabajo realizado por cada uno para lograr el triunfo.

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