Murió Fernando Toro Valenzuela a los 63 años, el mejor beisbolista mexicano de la historia.

El lanzamiento con el que Fernando Valenzuela
ganó el tercer juego de la Serie Mundial a los Yankees de Nueva York fue con un ponche con su clásico tirabuzón.
Entonces, las noticias viajaban lentas, en transmisiones de televisión que tenían voces mágicas como las de Pedro Mago Septién o Jorge Sonny Alarcón.
Pero eran capaces de arrastrar el alma de los mexicanos para apoyar a Fernando Valenzuela que vivía en su año de novato la destacada Fernandomania en Los Ángeles.

«Bravo por ti, Fernando, eres en el béisbol, oro, mezquita basílica y cactus. Suena esto a mariachi, a jarabe, a copal y a cera. Eres un jugador que tiene el cincel en la mano y la luz en el alma», esa narración marcó a una generación.
Hoy, todos le lloran a Fernando Valenzuela quien dejó de existir en este plano a los 63 a los pero alcanza en la extensidad de la memoria la etiqueta de leyenda.
Fue el puente que unió a México con Los Ángeles,
al béisbol sin fronteras y a una comunidad de inmigrantes que se reflejaron en él para ser aceptados.
Los Dodgers siempre lo querrán porque su sentido de pertenencia es mexicano siendo el mejor beisbolista de nuestro país.

El legendario número 34 del Toro de Etchohuaquila
decoró casas, camisetas, amores desvaríos y se inmortalizó como una marca, provocó que cientos de mexicanos se lanzaran al otro lado del muro para idolotrarlo y sentirse representados en una década siempre difícil para los de abajo.
Ganó el Cy Young de la Liga nacional en su primer año en Grandes ligas en una temporada en la que se llevo 13 victorias en 26 apariciones.
Nació en un pueblo de Sonora, sus padres eran campesinos, no le enseñaron más que la ley del esfuerzo e incluso no les gustaba el béisbol.

“A mis padres no les gustaba el beisbol, ellos sólo sabían trabajar, porque éramos una familia numerosa de 12 hijos, si yo llegue al beisbol fue gracias a mis hermanos”, confesó.
Valenzuela vino de abajo, de la tierra de siembra
de la pobreza y del hambre pero al mismo tiempo de la ambición por llegar.
Fue un fenómeno social en Los Ángeles narró los juegos de sus amados Dodgers siempre tan amable, querido, sencillo y cordial.
A punto de repetirse la serie mundial que él ganó
en 1981 entre Dodgers y Yankees la tristeza inunda cada rincón.
Valenzuela, desde donde esté seguramente esta lanzando su inigualable screwball.



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