El Arsenal empató 1-1 ante el conjunto del Fulham, el mexicano Raúl Jiménez anotó el gol que abrió el marcador.
Por:Dalai Soto
Raúl Jiménez, el «lobo de Tepeji», dejó su huella en el vibrante empate que firmó su equipo ante el Arsenal por 1-1. En un duelo de constantes arremetidas, el delantero mexicano celebró su gol número 52 en la liga inglesa. Este tanto lo acerca a solo un rugido del registro que Javier «Chicharito» Hernández custodia en las tierras del fútbol británico.
Un pelotazo desde la salida llegó al pecho del ariete tricolor, quien se botó de los centrales para descargar con Kenny Tete, quien, con destreza y picardía, leyó el movimiento de Raúl Alonso y le sirvió en bandeja de plata un balón filtrado a la espalda de los centrales. El mexicano, con inteligencia, se sentó en la mesa grande para degustar el platillo que había brindado su compañero, y por medio de un disparo cruzado a segundo palo, inauguró el tablero.
El doble pivote en la zona medular del campo le rindió frutos a la cosecha estratégica de Marco Alexandre Saraiva, con lo que consiguió anular los embates creativos que suelen generar los interiores del Arsenal: Declan Rice y Martin Ødegaard. Las ideas que brotan habitualmente de ambos jugadores parecieron marchitarse ante el sólido bloque medio de los Whites.
La profundidad ofensiva, arma letal durante toda la campaña de Mikel Arteta, quedó atrapada en un laberinto donde cada salida se transformó en un desafío. Obligados a reinventarse, los Gunners buscaron nuevos caminos, pero el terreno ya no era fértil para su ingenio. Por lo que recurrieron al balón parado para convertirlo en el faro que guió su trayecto hacia el empate.
Quien persiste en su camino, con la insistencia como aliada, termina encontrando la recompensa que tanto anhela, y es que, durante buena parte del encuentro, los Gunners bordaron intentos en el aire, en una búsqueda desesperada que en cada esquina intentaba la comba perfecta que al primer palo dejara su huella. Pero la zaga del Fulham, como un muro tejido con acero y determinación, se mantuvo firme, impenetrable.
Entonces, en el amanecer del segundo acto, William Saliba encontró el esférico, y con un toque preciso lo envió a las redes, lo que desató el grito que rompió el cerrojo de la resistencia.

A pesar de los cañonazos imponentes de los Gunners, que buscaron arrebatar los tres puntos como si fueran un tesoro en alta mar, el alemán Bernd Leno emergió como el timón firme de su tripulación. Con cada atajada, como un navegante experimentado que enfrenta tempestades, desafió las furiosas corrientes y el viento impetuoso que la visita lanzó en un intento por hundir su embarcación. Leno fue el faro y el ancla en medio de la tormenta, mantuvo su barco a flote y evitó el naufragio de la derrota.

G.B


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