Agustín Bernal, aficionado del Club América, viaja desde Tláhuac al Estadio Ciudad de los Deportes para apoyar a su equipo.
Por Juan Enrique
El amor por la América no entiende de distancias ni de obstáculos. Como en el caso de Agustín Bernal, de 63 años. Desde que tiene memoria, su vida ha girado en torno al equipo azulcrema, al que sigue con la misma pasión que cuando tomaba el tranvía rumbo al Estadio Azteca hace 45 años. Hoy, su camino es más largo: desde Tláhuac, usa un pesero, luego el metro y hasta el metrobus, pero siempre encuentra la manera de llegar al Estadio Ciudad de los Deportes aunque le quede a casi 40 kilómetros.

Para el partido contra Toluca, salió de casa desde las 2:30 de la tarde con un solo objetivo: reencontrarse con su hermano y su sobrino para animar a sus Águilas desde una hora antes del inicio.
Su plan era claro: ver en acción a Álvaro Fidalgo y Alejandro Zendejas, dos jugadores que admira por su calidad y sacrificio dentro del campo. Y el destino lo llamó. Ambos marcaron, aunque el gol del estadounidense lo sorprendió en el baño. “El 17 es el bueno”, le dijo a su familia al regresar a su asiento, mientras celebraban el tanto.

Pero Don Agustín no solo derrocha pasión, también es un aficionado que sabe reconocer al rival. Mientras el recinto entero abucheaba a Alexis Vega cada que tocaba el balón, él se mantenía al margen. “Es muy bueno, pero sería mejor si estuviera en el América”, comentó con convicción. Lo que sí le molesta es ver a Antonio Mohamed, quien describe como payaso y soberbio, y que constantemente se queja delarbitraje en favor de los de Coapa. “Cuando comía del América, no decía nada”, indicó con indignación.
El 3-0 fue el momento cumbre de la noche para él. Vibró con la jugada, disfrutó la triangulación y festejó con la misma intensidad que siente desde que era niño. La ilusión lo acompaña de regreso a casa, feliz con la victoria y con un gran sueño: el tetracampeonato y, por qué no, el pentacampeonato. «Aunque a los demás equipos les duela», dijo con una sonrisa.
Editado por Diego Castañeda


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