El Real Madrid dejó claro por qué el Santiago Bernabéu es su templo en la Champions League, con una victoria sobre el Atlético que dejó más de un interrogante para el partido de vuelta.
Por: Bernardo Marín
El Estadio Santiago Bernabéu es una pieza clave para el Real Madrid en la Champions League. Se convierte en una auténtica fortaleza que los merengues saben aprovechar para debilitar a sus rivales y ganar todas las series posibles en la capital española.
En una nueva edición del Derbi Madrileño, los fantasmas del pasado no tardaron en aparecer. El Madrid domina al Atlético en la Copa de Europa, una historia que ha quedado grabada con las dos finales de Champions que los blancos han conquistado frente a su eterno rival de ciudad.

El partido comenzó y el Bernabéu se tiñó de morado para recibir al máximo ganador de la competición. A pesar de varias bajas importantes en el once inicial, el Madrid afrontó el duelo con un planteamiento que parecía hecho a su medida.
Desde el inicio, el ataque por las bandas dio resultados. Federico Valverde, jugando como lateral derecho, lanzó un pase preciso a Rodrygo, quien recortó hacia el centro y sacó un disparo imparable para batir a Jan Oblak.

El dominio blanco no cesó. La idea de Ancelotti era clara: seguir atacando para aumentar la ventaja y cerrar la ida de manera cómoda. Sin embargo, la falta de puntería impidió que los delanteros ampliaran el marcador antes del descanso.

Pero, cuando menos se esperaba, apareció Julián Álvarez, el fichaje estrella del Atlético, para silenciar al Bernabéu con un golazo. El argentino sacó un potente disparo de pierna derecha que dejó sin opciones a Courtois.

En la segunda parte, Simeone decidió modificar su estrategia. Se replegó con la intención de conservar el empate y jugarse la clasificación en el Metropolitano, pero el plan no funcionó.
El Madrid volvió a lanzarse al ataque y encontró premio. Brahim Díaz aprovechó un error en la defensa rojiblanca y, con un remate cruzado, puso el 2-1 en el marcador. Un gol que dejó tocado al Atlético.

Con la desventaja, Simeone entendió que no podría ganar el primer asalto y, en el minuto 71, decidió reforzar la defensa. Sacó a Griezmann, quien había acompañado a Julián Álvarez en el ataque, y apostó por una línea de cinco para frenar la ofensiva blanca.
En los minutos finales, el Madrid dominó sin oposición a un Atlético que se encerró en su propio campo. Una vez más, el Bernabéu demostró por qué es una fortaleza que pocos pueden conquistar.

La serie se definirá el próximo miércoles en el Metropolitano, pero, con lo visto en el campo, el Madrid parte como favorito no solo para avanzar a los cuartos de final, sino también para soñar con la ansiada decimosexta en Múnich.
Editada por Leah Quintana


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