El australiano se retiró en la primera ronda de Indian Wells tras resentirse de su lesión en la muñeca.
Por: Diego Bautista
Nick Kyrgios volvió a pisar la cancha de Indian Wells con la ilusión de un artista desempolvando su mejor obra. Pero el lienzo se le desmoronó en las manos. Apenas tres games en el segundo set y la muñeca, esa misma que lo ha traicionado desde hace algunos años, volvió a gritar. El finalista de Wimbledon frenó, respiró hondo, y supo que algo andaba mal. Pedir el tiempo médico fuera no es su estilo, pero tampoco es un héroe de película que ignora el dolor hasta la última escena.

El fisioterapeuta llegó y comenzó a trabajar sobre la zona afectada. Kyrgios apretó los dientes, cerró los ojos, y en ese instante todo quedó en pausa. No era claro si las lágrimas que se querían escapar eran por el dolor o por la frustración. Quizás por las dos. Lo cierto es que, sentado en el banquillo, con la cabeza agachada y la mirada perdida, parecía un boxeador en la esquina, consciente de que no puede seguir peleando, pero odiando cada segundo de esa rendición forzada.
Porque su regreso era otra historia en su cabeza. Se suponía que el calendario diseñado con su ranking protegido sería su pasaporte de vuelta a la élite, no un campo minado que le explotara en la cara torneo tras torneo. Pero la muñeca no negocia, y el tenis, caprichoso como es, no le ha dado la bienvenida que su talento merece.
Ese «Chico malo» que incendia las redes con sus declaraciones o su actitud, ya no está, sino que se convirtió en el hombre que mira hacia abajo en un cambio de lado, preguntándose cuánto más podrá soportar. Su regreso a la cancha debía ser una fiesta, pero la música se cortó antes del estribillo.
Ahora, con las palabras del entrenador y el fisioterapeuta resonando en su mente, sabe que el verdadero desafío no es solo regresar al nivel que tenía, sino enfrentarse a sus propios demonios. «Creo que eso es lo que más me duele, el entrenador con el que estoy esta semana, mi fisioterapeuta. Sigo hablando de ese año (2022) y es como si no pudieras esperar más, y eso es lo que para mí es desgarrador, porque pensé que lo había entendido, literalmente estaba tocando la puerta de un Grand Slam y luego te arrancan justo de allí y ahora tienes que empezar de nuevo,» pensaba, mientras el cansancio y la frustración se apoderaban de su rostro.
¿Puede volver a luchar y salir de la sombra de su cuerpo traicionero? Ese es el misterio que aún queda por resolver. Nick Kyrgios volvió a la cancha con la intención de desempolvar su mejor obra, pero el lienzo se rasgó antes de tiempo. Su cuerpo, una vez más, le impidió completar la función. Mientras se retiraba del desierto californiano, su expresión reflejaba frustración e impotencia. Su regreso sigue siendo una cuenta pendiente, un boceto interrumpido por una lesión que no le permite trazar el dibujo completo.
Editor: Diego Bautista


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