Los Red Devils atraviesan una crisis desde hace años, misma que se ve reflejada en sus resultados.
Por: Leah Quintana
El Manchester United juega como si cargara con el peso de su propia historia. En San Sebastián, ante la Real Sociedad, mostró la misma cara de siempre: un equipo capaz de dominar por momentos, con talento individual, pero sin la capacidad de cerrar los partidos ni imponer su jerarquía. El empate 1-1 deja la eliminatoria abierta para la vuelta en Old Trafford, pero también deja en evidencia las mismas fragilidades de siempre.

Desde el inicio, el United intentó imponer su ritmo. Joshua Zirkzee fue el más peligroso en ataque, mientras que Bruno Fernandes estuvo cerca de abrir el marcador, pero Aritz Elustondo despejó sobre la línea. La Real Sociedad resistió con orden y aprovechó la falta de claridad de los ingleses, un problema recurrente en los últimos años.
El gol visitante llegó en el minuto 56, cuando Alejandro Garnacho asistió a Zirkzee y el delantero definió con frialdad. Parecía que el United tenía el partido bajo control, pero, como tantas veces antes, un error lo cambió todo. En el 69’, el VAR detectó una mano de Bruno Fernandes en el área y Mikel Oyarzabal convirtió el penalti con seguridad. Fue un golpe del que los de Rúben Amorim no supieron reponerse.

Este empate no es solo un resultado; es un reflejo de lo que es hoy el Manchester United: un equipo sin control total de los partidos, incapaz de sostener ventajas y que ha perdido el respeto en Europa. La crisis institucional sigue pasando factura. La gestión deportiva ha sido errática, Ferguson ha sido cuestionado por su influencia en decisiones recientes, y las inversiones millonarias no han logrado traducirse en títulos importantes.

Amorim fue claro: “No podemos pensar que ganar la Europa League hará desaparecer los problemas”. El United lleva años estancado, atrapado en un ciclo de cambios de entrenador, fichajes inconsistentes y una dirección sin rumbo definido.

La vuelta en Old Trafford es una oportunidad para avanzar en la competición, pero el problema de fondo es mucho más grande. Mientras el club no solucione su crisis estructural, los partidos seguirán siendo así: con destellos aislados, errores costosos y la sensación de un equipo atrapado en sus propias dudas.
Editado por Luis Reyes


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