El Le Classique se vivió en Pinche Gringo con aficionados de ambos clubes y el Chelito Delgado.

Por: Diego Bautista

Más de 9,000 kilómetros separan a París y a la Ciudad de México, pero la distancia no impidió que la pasión de Le Classique se sintiera en la watchparty organizada por Caliente en Pinche Gringo. El recinto se llenó de aficionados del PSG, con camisetas azul marino y cánticos que hicieron que, por momentos, pareciera que la ultra parisina había tomado el lugar. Sin embargo, entre la multitud, dos fieles seguidores del Olympique de Marsella ondeaban sus banderas, recordando que esta rivalidad se juega en cualquier rincón del mundo.

Foto: Leah Quintana
Foto: Leah Quintana

La estrella invitada, César «Chelito» Delgado, avivó el ambiente con recuerdos de su paso por la Ligue 1 y su visión del fútbol francés. “El clásico siempre es un partido diferente, todos quieren jugarlo”, comentó. Sobre el PSG, destacó su evolución: «Veo un equipo más sólido que antes, depende más de lo que se haga en conjunto y no de una figura. En su momento dependían de Neymar, Messi o Mbappé, pero hoy que no están veo a un París más completo en todos los aspectos y creo que van por buen camino».

Foto: Leah Quintana
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El partido comenzó y la emoción en el Parque de los Príncipes se replicó en la Ciudad de México. Cuando Ousmane Dembélé abrió el marcador, la afición explotó en júbilo, celebrando como si estuvieran en la tribuna del estadio. Nuno Mendes amplió la ventaja y los cánticos retumbaron con más fuerza, confirmando que la mayoría estaba del lado parisino.

Foto: Leah Quintana
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Pero en medio de la ola azul y roja, dos aficionados del Marsella se hicieron notar. “Somos pocos, pero aquí estamos”, comentó uno de ellos. «Me enamoré del club viendo a Ribéry jugar y al saber que es el único francés en ganar la Champions». Su compañero agregó: «Yo desde que vi a Drogba. A pesar de no ser muy popular el equipo ni la liga, nosotros somos fieles al Marsella». Cuando su equipo logró descontar en el marcador, sus banderas ondearon con orgullo, aunque el festejo duró poco. Un autogol de Pol Lirola selló el 3-1 definitivo y confirmó la fiesta parisina.

Foto: Leah Quintana

Más allá del resultado, la jornada dejó claro que el fútbol trasciende fronteras. Entre apasionados seguidores, exjugadores y el poder de la nostalgia, Le Classique volvió a demostrar que no importa dónde se juegue: la pasión siempre encuentra un lugar para sentirse como en casa.

Foto: Leah Quintana

Edición: Luis Rodríguez.

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