Fernando Lemmen Mayer, presidente de la Federación Mexicana de Golf, se encargó de presentar al campo de las Maravillas como la segunda sede de la Escuela Nacional Pública de Golf.
Por: Diego Bautista
En medio de un paisaje árido, donde el sol cae sobre la tierra reseca y el viento arrastra el polvo, parece un mundo distinto. Basta cruzar sus límites para que todo se tranforme: el suelo, antes quebradizo y polvoriento, se ve envuelto en un manto verde impecable; los cactus y arbustos secos dan paso a árboles frondosos y flores vibrantes. Es un oasis inesperado, un refugio en el desierto donde la naturaleza desafía lo que parece imposible. Aquí, en este rincón de contraste, el golf está abriendo caminos para una nueva generación.
El campo de Las Maravillas, ubicado en Jiutepec, Morelos, se convirtió en la segunda sede de la Escuela Nacional Pública de Golf, un proyecto que busca acercar este deporte a niños de comunidades rurales. La mayoría son hijos de trabajadores del mismo campo, pequeños que hasta hace poco jamás habían sostenido un palo de golf ni imaginado que un campo de 9 hoyos y par 3 podría convertirse en su segunda casa.

“Vamos a las escuelas, damos pláticas ahí”, cuenta Vianey, una de las instructoras del programa. “En mi caso, fueron hasta mi casa a explicarme todo acerca del golf y me encantó. Ninguno de nosotros sabíamos nada de este deporte.” Ahora, ella cumple su sueño de enseñarlo a los niños, convencida de que lo mejor no es solo perfeccionar su técnica, sino verlos sonreír, compartir sus historias y ayudarlos a crecer en más de un sentido.

Para muchos de estos niños, el golf representa una oportunidad única. No solo descubren un deporte completamente nuevo, sino que también aprenden valores que los acompañarán toda la vida. La responsabilidad, la honestidad y la disciplina se convierten en parte de su día a día, forjando hábitos que los ayudarán a ser mejores estudiantes y, sobre todo, mejores personas. “Ellos absorben todo, entonces qué mejor que enseñarles un deporte donde puedan reforzar lo que aprenden en casa, en la escuela y en la sociedad”, explica Vianey.

Fernando Lemmen Mayer, presidente de la Federación Mexicana de Golf, ve este proyecto como un semillero de futuro. “Buscamos que todos los niños conozcan nuestro deporte y lo lleguen a practicar, que se enamoren de él y que sean perseverantes en jugar y mejorar”, afirma. En sus ojos, el golf no es solo un juego, sino una herramienta para formar carácter, para aprender a manejar emociones y para enseñar a cada niño que el esfuerzo y la paciencia darán sus frutos.

El impacto de la Escuela Nacional de Golf en el campo La Maravilla es tangible. Para los niños, significa más que solo golpes y birdies; representa una nueva forma de vida, una alternativa que hasta hace poco nunca imaginaron tener. Algunos llegan por curiosidad y terminan encontrando una pasión. Otros, simplemente, encuentran un espacio donde pueden ser escuchados, guiados y motivados.

La tercera sede de este proyecto ya tiene destino: Nayarit. Con cada paso, la escuela sigue extendiendo su misión de acercar el golf a quienes nunca pensaron que este deporte podría ser para ellos. Y así, en campos que emergen como oasis en el desierto, el golf sigue cambiando vidas, hoy en Morelos, mañana en muchas más paisajes del país.
Editor: Sergio Tovar


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