“Tato”, aficionado a Cuervos, demuestra como cada gol se convierte en un acorde perfecto y se transforma en el alma de la tribuna.
Por: Jordi Álvarez
La música y el deporte parecen mundos completamente diferentes pero, ¿qué sucede cuando se combina la pasión por ambos?
Dentro de El Domo ubicado al sur de la Ciudad de México, se disputó un encuentro más de la Queens League entre Club de Cuervos y las Galácticas del Caribe. Fuera de los sonidos habituales de una cancha de futbol, como el pitido del árbitro, los gritos de las jugadoras y el aliento de la afición, había una melodía que se hacía notar más: la de las trompetas y los tambores de la barra de Cuervos que estaba aposentada en la grada dos del recinto, justo ubicada detrás del arco del conjunto que eventualmente se llevaría el triunfo.
“Tato” es el líder, o en sus propias palabras, “el miembro más responsable” de la orquesta que no paró de tocar durante todo el encuentro, ni un sólo momento. Para el originario del Estado de México, la música y el deporte siempre estuvieron entrelazados.
Desde sus días en el barrio, el balón siempre ha estado presente en la vida del músico. “Cuando éramos pequeños incursionamos como futbolistas, pero o sea, siempre, en el barrio, en la calle, jugando, pero hasta ahí”. Las melodías llegaron después, y fueron algo que marcó su vida para siempre. “Te puedo decir que hoy en día salvó mi vida porque tuve una adolescencia un poco complicada, ausencia de padres, educación y un par de malas decisiones… Entonces, me regalaron una trompeta y empecé a apoyar al América. La música me salvó un poquito”.
Desde entonces, “Tato” converge su amor por el América con el amor a la música por medio del barrismo. “Esta organización es un proyecto cultural musical. El concepto es murga, un género que viene de Sudamérica y como lo puedes ver son bombos, son surdos, repique, tarola y metales. Incluso a veces cantamos fuera del barismo. Más bien, esto es un proyecto musical que ya hacíamos fuera del América. Obviamente el América nos presenta, nos conoce, ya se hace como una organización previa, pero ya conociéndonos fue más fácil generar un grupo que ya supiera como de la disciplina o del género y ya de ahí, pues fue más fácil adaptarlo a cualquier proyecto [el barrismo]”.
Al ser un proyecto pasional, “Tato” y su barra toman cada oportunidad de presentarse y esparcir el folclor en los estadios, y una de ellas fue apoyar al Club de Cuervos en la Queens League. “La defensa de Cuervos, Fer Rosales, fue compañera mía de universidad y entrenadora de mi hijo. Entonces con ella se hizo el contacto con ellos y venimos aquí a transmitir esa pasión, ese folclor, porque al final esto es folclor”.
Quizá, más que el sentimiento de apoyar a un equipo de la Queens, es la pasión de transmitir el folclor de la murga a más gente, es lo que hace que la larga travesía y quizá algunos dolores de cabeza de “Tato” valgan la pena. “Venimos desde Coacalco. Los chicos [en Cuervos] nos apoyan con un poco de viáticos, pero tratamos de estar aquí sábado, domingo, una vez a la semana. Es complicado porque hay que citarlos [a sus compañeros de la barra] desde la semana, es hacer una lista de cuántos boletos tenemos, hacer la lista de los músicos. Entonces te digo, soy el más responsable, ya que llegan subimos todas las cosas y hay un par de chicos que se van subiendo en el trayecto, entonces son 2 horas donde venimos platicando de todo un poco de música”.

Para el aficionado promedio al futbol “convencional”, cosas como la Kings League se le hacen motivo de burla. Esto es algo que “Tato” ha sufrido durante su tiempo como barrista de cuervos, pero no se lo toma tan a pecho. “Sí hay gente que lo juzga de ‘ay, esa liga Pokémon’ y a lo mejor uno como adulto podría decir eso, pero si te das cuenta cuando los niños conocen a sus influencers, youtubers o referentes favoritos, pues es parte de. También, ya como papá tengo que pensar eso, no todo es violencia, no todo es barrismo, pero también lo veo por esa parte, pero sin tema.”
Esta pasión le ha dejado muchísimos buenos recuerdos y grandes amistades a “Tato”, pero el músico tiene claro el mejor de todos. “Creo que compartir con mi hijo esta pasión y verlo feliz. La noche antes del bicampeonato del América, los jugadores pasaron al niño con ellos en la serenata, en el hotel. Entonces, ver a mi hijo vivir ese momento con ellos fue lindo, fue ver el sueño de muchos, no solo mío, sino el de la mayoría de los fans: poder estar hombro a hombro ahí con los chicos una noche antes del partido. Esa es la experiencia más linda que me ha dejado en el barrismo”.
Dos horas de trayecto desde Coacalco hasta el sur de la Ciudad de México, una semana de costear y planear todo para que el fin de semana sea inolvidable culminaron con los Cuervos imponiéndose a las Galácticas con 7 anotaciones a 5, para el regocijo de todos los músicos de la barra.

Sí, la música y el deporte son dos mundos muy distintos, pero cuando son combinados crean ambiente, amistades, recuerdos y folclor. “No están peleados el folclor con la música y el futbol, al contrario, son muy de muy del pueblo, muy del barrio”.
Editor: Sergio Tovar


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