Con 19 años de edad y ya en el puesto 30 del mundo, el Checo desafía a los grandes del tenis y alcanza su primera final de Masters 1000.

Por: Diego Bautista

Desde pequeño, Mensik comprendió lo más valioso del deporte: el tenis no es solo cuestión de fuerza, sino de mentalidad. A los 13 años ya trabajaba con un psicólogo personal, convencido de que la fortaleza mental sería su mejor arma. Ese compromiso lo llevó a avanzar rápido en el circuito, dejando destellos de su talento por todas partes del mundo.

Via Instagram: @mensik.jakub

Nacido el 1 de septiembre de 2005 en Prostêjov, República Checa, Mensik comenzó a jugar tenis a los cinco años. Su talento lo observó Ivo Müller y comenzó a entrenarlo. En 2022, llegó a la final del Abierto de Australia Junior, donde, agotado por el esfuerzo, terminó el partido sentado en una silla de ruedas. El sacrificio fue recompensado por un Novak Djokovic que se encontraba presente, quién no dudó en invitarlo a entrenar, convirtiéndose en un momento atesorado por el checo.

Hoy es el número 30 del mundo, y su nombre suena con fuerza en las conversaciones sobre los próximos grandes del tenis. Pero como todo gran viaje, su ascenso ha sido gradual, hecho de victorias pequeñas que, con el tiempo, se convirtieron en grandes. En 2023, el mundo comenzó a notar a Jakub en el US Open, donde alcanzó la tercera ronda, dejando en el camino a jugadores experimentados.

Era solo un destello de lo que estaba por venir, pero el joven checo ya estaba en el radar de todos. Fue el preludio de una historia que comenzó a tomar forma en 2024, cuando sorprendió al mundo con su primera final ATP en Doha, un hito que mostró que la nueva generación de tenistas estaba lista para desafiar a los más establecidos.

Via Instagram: @wilsontennis

Pero todavía faltaba su verdadero momento de consagración. El cual llegó en Miami, ahí Mensik dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad. Su camino hasta la final no fue fácil, pero cada victoria fue una confirmación de su temperamento. La más especial de sus victorias ha sido en semifinales, después de vencer a Taylor Fritz, cuatro del mundo, en un partido donde la presión era inmensa.

Sin embargo, la historia más curiosa no estuvo en la cancha, sino en un encuentro fuera de ella. Justo antes del partido, en los pasillos del Hard Rock Stadium, Mensik se cruzó con Lionel Messi. Le estrechó la mano y decidió no lavársela hasta después del partido, como si llevar consigo la magia de Messi le diera fuerza extra a sus golpes. Cuando logró la victoria, no lo dudó: tomó el marcador y escribió en la cámara un simple pero contundente “Gracias, Leo”.

Pero el mayor desafío tiene nombre y apellido. En su primera final de Masters 1000, Mensik tendrá que enfrentarse a Novak Djokovic, un hombre que ha dominado el tenis como pocos en la historia. Para muchos, Djokovic es el monstruo que acecha los sueños de los jóvenes aspirantes, el jugador que convierte la esperanza en desesperación con su resistencia inhumana y su mentalidad de hierro. Mensik, sin embargo, no tiene nada que perder. A su corta edad, ha demostrado que no teme a los escenarios grandes ni a los grandes nombres. Pues ostenta el cuarto mejor porcentaje de victorias de jugadores activos frente a Top 10. Y ahora, en la gran final, se le presenta otra oportunidad: desafiar al rey y, quizás, tomar la corona y comenzar a escribir su propia dinastía.

Jakub Mensik, quien hace solo unos años era solo un joven que soñaba con grandes escenarios, ahora está frente a uno de los más grandes de todos. Es un competidor feroz, un jugador con la madurez de un veterano y la ambición de alguien que apenas comienza a escribir su historia. Su viaje en la élite está en sus primeros capítulos, pero el prólogo augura el nacimiento de una nueva estrella.

Editor: Diego Bautista

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