La Liga MX vetó al Akron por violencia, pero lo mudó al Jalisco a 21 km, con césped roto y un concierto al lado. Rivero dio el 1-0 a Cruz Azul, Campos se lesiona y un bloqueo de “cemento” no ayudó para bien.
Por: Luis Reyes
La Liga MX sigue navegando en un mar de tormentas, sorprendiendo con olas de desaciertos. Primero, empuño una espada sancionadora que vetó al Estadio Akron, un castillo que tiene ecos de violencia desatados en batallas previas: el choque de un aficionado con David Faitelson y las heridas a los jugadores del América.
Días después anunciaron que el partido iba a ser jugado en el Estadio Jalisco, a pesar que en el reglamento establece que en caso de ser reasignado el encuentro, debía de ser en un recinto que estuviera a más de 50 kilómetros de distancia, y la separación entre los dos estadios es de 21 km.
Aunado a toda esa polémica, la cancha del recinto no estaba en óptimas condiciones, cosa que ni a los directivos de la Liga ni del club local, les pareció importar. Pero eso no fue todo, ya que también, a 300 metros del recinto, Alejandro Fernández iba a dar un concierto a la misma hora del juego, lo que ponía en aprietos a toda la policía local de salvaguardar a los asistentes de ambos espectáculos.
A pesar de las sombras que envolvían el escenario, Chivas y Cruz Azul regalaron un buen espectáculo, con muchas llegadas a las porterías rivales, aunque el único gol de la noche fue de Ignacio Rivero, con pase de Luka Romero, el jugador uruguayo definió de excelente manera de cabeza venciendo al “Tala” Rangel en el agregado del primer tiempo.
Ya en la segunda mitad, el equipo Rojiblanco se fue con todo al ataque, como estampida de chivos, pero sin claridad en el último toque, tuvieron siete disparos, aunque ninguno fue al arco de Kevin Mier.
La tragedia golpeó a la Máquina, y fue que Omar Campos, que había ingresado al campo al minuto 77, salía lesionado por culpa del pésimo estado de la cancha, ya que en una barrida se le quedó atorada la rodilla y tuvo que salir del terreno de juego.
Pese a que se cambio de estadio, la violencia no se fue, al final del partido un aficionado lanzó un bloque de cemento, afortunadamente pegó el acrílico que protege a la banca, por lo que nadie salió herido.y así, entre campos rotos, reglas torcidas y rugidos de furia, la Liga MX sigue siendo un circo donde el espectáculo y el desorden se dan la mano.
Editado por: Alejandro Velázquez


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