Las hermanas Cueva, la primera familia en competir internacionalmente en la rama femenil.
Por: Arely De La Vega

Las hermanas Cueva se acapararon de las cámaras desde el primer día, no sólo por ser familia, también por el gran talento que desbordan en cada clavado, apuntándolas para ser las próximas atletas estrella de México.
Suri Cueva fue la que empezó con esta aventura, ella junto a sus hermanas practicaban gimnasia, pero a lado se encontraba una alberca donde clavadistas como: Iván «Pollo» García, Germán Sánchez Duva y Paloa Espinoza practicaban clavados, esto llamó fuertemente su atención, tanto así que a los días ya le estaba pidiendo a su mamá que la dejara cambiarse de disciplina.

Al principio su madre no estaba de acuerdo, no quería que estuviera tanto tiempo expuesta al sol y se quemara, aún así, Suri la convenció, su mamá acepto y hasta le dijo que le llevara un chocolate al entrenador para que aceptara hacerle la prueba.
Al poco tiempo, Mía y Lía Cueva, también empezaron a seguir los pasos de su hermana, algo que cambió radicalmente su vida. Desde los 10 años están representando a México en competencias internacionales, convirtiéndose en las primeras gemelas en representar el país, su primera competencia fue un Campeonato Panamericano en Estados Unidos.

Su meta es ser como Paola Espinoza, a la cual admiran demasiado, sin contar que en varias ocasiones las aconsejaba y apoyaba cuando se topaban en los entrenamientos. Otro ejemplo a seguir es Alejandra Orozco, al crecer viéndola competir, desarrollaron un gran fanatismo.
A pesar de ser muy jóvenes, tienen sus metas claras, trabajar duro para poder ganarle a las Chinas, entrenar la técnica y la mentalidad. «Si no estás segura de ti misma no vas a poder hacer los clavados. Obviamente que si hay lágrimas aquí, hay enojo, pero también hay felicidad» confesó Mía.

Ahora, en la Copa Mundial de Clavados en Guadalajara, su entusiasmo era diferente, estaban en casa y podían sentir el cariño de su gente, de su familia, que fue fundamental para que las mellizas consiguieran la medalla de plata en trampolín 3 metros sincronizado.
Para ellas la envidia no encaja, es más, están orgullosas de lo que consiguen y se sienten parte de sus logros. «Siento que soy parte de su medalla, porque siempre las he apoyado» se sinceró Suri con el éxito de sus hermanas.

Por otra parte, no dejan de ser adolescentes, gran parte de su tiempo se la pasan entrenando, pero ni así descuidan la escuela. Aunque a veces se atrasan por las tareas o llegan a faltar cuando se acercan las competencias, los maestros las dejan entregar las tareas atrasadas, facilitándoles el proceso que no es nada fácil para ser una atleta profesional y a la vez estudiante.
A su corta edad, Suri con 15, Mía y Lía con 14, no ha sido impedimento para que tengan en claro sus metas: competir en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028 y llevarse una presea a casa.
Editor: Arely De La Vega

Deja un comentario