Foto: Juan Enrique Rodríguez

El Cruz Azul le obsequió una victoria a Aracely y Sandra por el día de las madres.

Por Juan Enrique Rodríguez

Las madres tienen una forma distinta de medir el tiempo. No con relojes, sino con recuerdos. No con agendas, sino con emociones. Y este 11 de mayo, un día antes del homenaje oficial, dos madres cruzazulinas tejieron su propia celebración con los hilos de la pasión por unos colores que, aunque a veces duelen, siempre laten.

Despues de un viaje de 2 horas desde Tláhuac y una cadena de transbordos entre el Metro y el trolebús. Aracely Espinoza llegó puntual al Estadio Olímpico  con sus Una travesía que parece menor cuando la recompensa es ver a Cruz Azul

“Me prepararon un baile, pero el verdadero regalo que espero por el Día de las Madres es una victoria del Azul”, dijo Aracely mientras acomodaba las mochilas de sus hijas en las gradas.

Foto: Juan Enrique Rodríguez

Por otro lado, Sandra Zaragoza llegó al Estadio Olímpico Universitario con su hija de 7 años, también llamada Sandra.

Cruzazulina de toda la vida, llegó a cambiar de equipo por hartazgo. “En algún momento me llegué a mirar a Tigres. Era tanto sufrimiento de que llegaran a tantas finales que sentía que a los dirigentes no les importaba el club, solo querían sacarle dinero”.

No obstante, con el paso del tiempo entendió que el amor a la Máquina no se rompe. “Nunca te vas de Cruz Azul. Cuando realmente tienes pasión por un equipo, siempre te quedas ahí”, declaró Sandra.

Foto: Juan Enrique Rodríguez

Ambas madres coincidían en su admiración por Rodolfo Rotondi. “Juega bien, aunque a veces no es constante, pero en el futbol mexicano raramente un jugador lo es”, decía Sandra.

Foto: Juan Enrique Rodríguez

Por su parte, Aracely tenía mayores exigencias: “En Cruz Azul la exigencia es ganar títulos, y si no los obtiene, no sirve”, sentenció, refiriéndose al técnico Vicente Sánchez.

Cruz Azul ganó 2-1. Y aunque el silbatazo final marcó el fin del partido, para ellas significó algo más: la confirmación de que el amor que inculcan rinde frutos, incluso en las gradas.

Madre hay una sola, y como la de uno, ninguna». Y en CU, ellas recibieron su merecido festejo: un triunfo celeste que no cabe en ninguna estadística, pero sí en el corazón.

Editor: Juan Enrique Rodríguez

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