Los diablos voltean la pizarra y se quedan con la serie ante los Pericos de Puebla.

Por: David Macías

Por tercera vez en fila, los Diablos Rojos del México hicieron arder el Estadio Alfredo Harp Helú. Pero este domingo, el fuego tuvo nombre: Arístides Aquino, no solo encendió la chispa, sino que la convirtió en incendio.

La noche pedía héroes y el jardinero dominicano se encargó de responder. Con tres hits de sus cuatro turnos al bate, cuando el marcador aún castigaba a los locales, Aquino se elevó por encima del juego común. Pegó con furia, las tres ocasiones al primer pitcheo, con puntería, con el temple de quien sabe que no se juega una entrada, sino el alma de una serie, potenciando de la misma manera tres carreras para su escuadra.

Foto: Fernanda Nájera

Los Pericos, que hasta el sexto periodo cantaban con voz firme ir ganando 4-2, vieron cómo sus alas se desplumaban ante el repunte escarlata. Fue un duelo tenso, de lanzadores que jugaron con precisión quirúrgica. Ricardo Pinto, por los capitalinos, resistió con 74 pitcheos limpios en cuatro entradas. Respondió Vladimir Gutiérrez por Puebla, con seis entradas de siete ponches, dejando el juego en aparente control.

Pero el béisbol no es de justos, sino de momentos y en el séptimo, fueron rojos. La ofensiva se desató en una ráfaga que comenzó con Julián Ornelas, chispa secundaria de esta noche de pólvora. Pero fue Aquino quien firmó el destino del juego con un batazo seco que rompió el silencio del estadio. En ese swing se comprimió la historia entera de una serie.

Para el octavo, Ramón Flores sentenció la sexta cuenta (6-4) y, con ella, la esperanza poblana. En la novena, los Pericos se levantaron por última vez, pero fueron silenciados con frialdad: intento de toque fallido, rola de doble play, y se apagó el juego.

El bullpen escarlata respondió de manera unánime: cinco relevistas y solo dos carreras permitidas. Edwin Fierro se llevó la victoria, mientras Tomohiro Anraku puso el candado final.
Así, los Diablos sumaron su victoria número 34 y completaron su sexta barrida de la temporada.

En el fin de semana, 49 mil gargantas fueron testigos del espectáculo en el Harp Helú. Y entre todas ellas, seguramente, unas cuantas ya saben que cuando Arístides Aquino toma el bat, no solo batea, detona.

Foto: Fernanda Nájera

Editora: Frida Zavala

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