Un deporte que va más allá del caballo y el jinete, sino que hay un equipo detrás listo para preparar al corcel.

Foto: Alain Islas

Por: Eduardo Robles

Las carreras de caballos son fugaces, basta con unos segundos para conocer al más rápido en la pista y reconocer el gran trabajo del jinete, pero la preparación antes de una competencia es vital para garantizar un buen resultado.

Momentos antes de salir a la pista de arena, bajo el sol, la presión de estar encerrado en la línea de salida y la adrenalina de correr a toda velocidad, los corceles son preparados para afrontar este reto.

Foto: Alain Islas

En el Paddock del Hipódromo de Las Américas se encuentran los Mozos de Cuadra, quienes son los que ensillan, ponen careta, colocan el número y en algunos casos calman a los caballos nerviosos.

La silla de montar es pequeña, ligera, casi imperceptible a primera vista. Bajo esta, va la manta con el número de competidor, en la zona de la cabeza colocan la careta para aquellos caballos que le temen a su sombra o son fáciles de distraerse por el entorno.

Foto: Alain Islas

“Es un oficio noble que te hace conectar con los caballos, te conocen y los conoces, así generan confianza antes de una carrera que puede ser estresante para ellos y para el jinete”, declaró un cuidador anónimo, mientras salía del Paddock.

Hay momentos en los que el caballo siente la presión de salir a pista y se entrega al nerviosismo tirando al jinete de un salto. Ahí es donde estos personajes reaparecen en escena para dar un par de vueltas con el noble animal alrededor del Paddock y así se calme.

Una vez logrado esto, el jinete se sube a la silla y acompañado con el Mozo de Cuadra, se dirigen a la pista de arena para prepararse para una carrera tan rápida y fugaz como un abrir y cerrar de ojos.

Foto: Alain Islas

Editora: Frida Zavala

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