Un deporte que va más allá del caballo y el jinete, sino que hay un equipo detrás listo para preparar al corcel.

Por: Eduardo Robles
Las carreras de caballos son fugaces, basta con unos segundos para conocer al más rápido en la pista y reconocer el gran trabajo del jinete, pero la preparación antes de una competencia es vital para garantizar un buen resultado.
Momentos antes de salir a la pista de arena, bajo el sol, la presión de estar encerrado en la línea de salida y la adrenalina de correr a toda velocidad, los corceles son preparados para afrontar este reto.

En el Paddock del Hipódromo de Las Américas se encuentran los Mozos de Cuadra, quienes son los que ensillan, ponen careta, colocan el número y en algunos casos calman a los caballos nerviosos.
La silla de montar es pequeña, ligera, casi imperceptible a primera vista. Bajo esta, va la manta con el número de competidor, en la zona de la cabeza colocan la careta para aquellos caballos que le temen a su sombra o son fáciles de distraerse por el entorno.

“Es un oficio noble que te hace conectar con los caballos, te conocen y los conoces, así generan confianza antes de una carrera que puede ser estresante para ellos y para el jinete”, declaró un cuidador anónimo, mientras salía del Paddock.
Hay momentos en los que el caballo siente la presión de salir a pista y se entrega al nerviosismo tirando al jinete de un salto. Ahí es donde estos personajes reaparecen en escena para dar un par de vueltas con el noble animal alrededor del Paddock y así se calme.
Una vez logrado esto, el jinete se sube a la silla y acompañado con el Mozo de Cuadra, se dirigen a la pista de arena para prepararse para una carrera tan rápida y fugaz como un abrir y cerrar de ojos.

Editora: Frida Zavala


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