Julio César Chávez Jr. sufrió una humillante derrota por decisión unánime ante el influencer Jake Paul, ensuciando nuevamente el legado de su padre.
Por: Alain López
En una pelea entre dos pesos crucero para el olvido, Julio César Chávez Jr. volvió a manchar la imagen del boxeo mexicano y el legado del nombre Julio César Chávez, ese que a su padre tanto trabajo le costó llevar a la cima del pugilismo mundial. El hijo de la leyenda azteca perdió por decisión unánime ante Jake Paul, un influencer estadounidense que se dice ser un boxeador profesional, cuando jamás ha combatido con alguien del nivel que presume tener.
Más de 60 mil personas en el Honda Center, en California, fueron testigos de cómo un par de farsantes, ridículos y payasos, caminaron y bailaron durante 10 rounds en vez de boxear y lanzar golpes de verdad, como todos querían. El público vio a un youtuber gringo improvisar boxeo en los primeros cuatro rounds, para luego pegar jabs, cruzados, uppercuts y ganchos, con la esperanza de conectar al otro personaje, que no recordó cómo boxear hasta el penúltimo round. Mismo personaje que volvió a demostrar que lo poco o mucho que ha conseguido es más por el peso del nombre y apellido de su padre, antes que por mérito propio.
Julio César Chávez Jr., después de una carrera con altibajos y escándalos legales, como sus problemas con el consumo de “pastillas para adelgazar” o su detención por portación ilegal de armas, regresó a la actividad con una pelea que era una gran oportunidad para su resurgimiento. Hasta prometió una victoria dedicada a sus paisanos en Estados Unidos que atraviesan situaciones complicadas por las políticas de Donald Trump, aunque sus palabras quedaron en buenas intenciones, porque estuvo lejos de ganar el combate.
El oriundo de Culiacán llegaba con un récord de 56-6-1, de los cuales 24 fueron por nocaut (KO), mientras que su adversario había conseguido un 11-1, con 7 KOs incluidos, números que realmente no importaban porque el pasado es historia y ya no cuenta. En el presente, Jake Paul venía en mejor forma, con más hambre de acercarse al profesionalismo, nivel al que aún no llega.
El combate del mexicano fue tan desastroso, que por momentos hizo pensar a todos que Jake Paul iba a noquearlo. Aunque esto no ocurrió, el gringo humilló al mexicano, como en 1836 y 1848 cuando Estados Unidos se apoderó de Texas, Arizona, Nuevo México y California, territorios de su vecino del sur.
La pelea se resumió a un youtuber tratando de boxear contra un profesional, cuya trayectoria y apellido lo mantuvieron dentro del juego. “Con huevos”, se escuchaba gritar a Julio César Chávez a su hijo; palabras que evidenciaban el mediocre nivel del mexicano en el ring. Incluso hubo abucheos desde las gradas; no fue hasta el sexto round cuando se pudo apreciar un intento real de pugilismo, esos 10 segundos emocionaron al público, pero ese sentimiento duró poco porque de ahí los dos participantes se demostraron mucho amor, o eso parecía de tantos abrazos que se daban.
Los rounds más espectaculares fueron los últimos dos, el noveno y el décimo, ahí fue cuando Julio César Chávez Jr. fue iluminado y gracias al Señor comenzó a boxear. Casi no pegaba, pero cuando conectaba sus jabs y cruzados, lograba hacerle pasar malos ratos a Jake Paul, aunque la decisión de los réferis parecía ya estar tomada.
Después del campanazo que dio fin al décimo acto de esta pelea que avergonzó al boxeo profesional, llegó el momento de hacer pública la decisión del jurado, y no hubo sorpresas, el payaso que más intentó y que más ganas evidenció fue nombrado ganador, y ese fue Jake Paul, que se mostró muy alzado al decir: “Julio es un guerrero mexicano, pero yo también soy un guerrero, es por eso que gané hoy, aguantarle 10 rounds a un Campeón Mundial no es una sorpresa, porque soy un gran boxeador”.
Mientras que el fracasado que nunca alcanzará la gloria de su padre quiso justificar su paupérrimo combate al comentar: “Él es un buen boxeador, es fuerte aunque se cansó después del cuarto round, mi error fue que desperté tarde”, cuando lo único cierto de lo que dijo es que despertó tarde, nueve rounds tarde. El sinaloense se presentó al Honda Center a dar pena, porque otra vez ensució la imagen del boxeo mexicano y reafirmó que el nombre Julio César Chávez pesa más que los puños de su hijo.
Edición: Cristóbal Coyote


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