Mexicas se impuso 13-12 a Osos en una final intensa, mojada y decidida por centímetros en el Tazón México VIII.
De: Saúl Gil

El Estadio Olímpico de la BUAP se transformó en santuario, donde los Mexicas de la Ciudad de México se enfrentarian a los Osos de Monterrey, en el Tazón México VIII, la lluvia insistente, puso la cancha al límite, haciendo resbalar balones y exigió la máxima precisión a ambos equipos.
Shelton Eppler, quaterback de Osos, encontró a Tommy Auger en un pase quirúrgico de 20 yardas que rompió la defensa capitalina y silencio por un momento a los aficionados de Mexicas y se adelantaron rápidamente en el marcador, 7-0.

El juego estaba inclinado, Mexicas luchaba para mover el balón. El terreno mojado jugaba en contra de ambos, pero los Osos parecían más cómodo en el caos. Aguirre aumentó la ventaja con un gol de campo de 53 yardas que dejó claro que Monterrey no solo tenía una ofensiva explosiva, sino también una pierna confiable, 10-3 en el marcador y sensación de dominio regio.
Mexicas no se preocupo, sin grandes jugadas, pero con disciplina, logró mantenerse cerca. Miguel Ángel acortó distancias con un gol de campo que les devolvió al juego antes del descanso. El partido se iba 10-6 al medio tiempo, con los capitalinos aún en la pelea, aguantando cada golpe y esperando su momento.

El tercer cuarto fue una guerra de resistencia, las defensas se impusieron y el clima volvió más imprecisos a los quaterbacks. Hubo castigos, entregas de balón patadas mal colocadas. Todo estaba complicado. Todo menos la tensión, que subía con cada minuto que pasaba sin que nadie lograra anotar.
Hasta que llegó el último cuarto. Ese donde todo está en juego, los errores se pagan y los aciertos valen campeonatos. Mexicas construyó su mejor serie ofensiva del partido, 73 yardas recorridas con fuerza, visión y paciencia. José Pablo, sin anotaciones en la temporada, tomó el balón y encontró el hueco justo para meterse a las diagonales y hacer explotar el lado rojo del estadio, marcador 13-10.

El reloj seguía su camino, pero los Osos no se rendían. Apretaron, avanzaron y en una jugada arriesgada lograron presionar al QB de Mexicas para forzar un safety que los puso a solo un punto de distancia, 13-12. Quedaban segundos y en el cierre Monterrey tuvo dos oportunidades de oro para cambiar la historia. El primero no fue bueno y el segundo, desde 67 yardas, prácticamente un milagro, Aguirre lo intentó, el balón voló, pero se quedó corto.
Mexicas lo hizo, con defensa, inteligencia y carácter. Campeones por segunda vez en su historia, después de siete años de espera, bajo la lluvia, con el corazón en la mano y un rival que nunca dejó de pelear. Del otro lado, los Osos se quedaron a centímetros de la gloria, pero su camino apenas comienza. Demostraron que están para cosas grandes, y esta final aunque fue dura, será parte de su crecimiento.

El Tazón México VIII no fue perfecto, pero fue auténtico. Una batalla jugada en el lodo, entre dos equipos que dejaron todo y al final, fueron los Mexicas quienes alzaron el trofeo, no solo como campeones, sino como un equipo que supo resistir ajustar y responder cuando más importaba.
Editor: Saúl Gil


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