Con una actuación sólida los Diablos Rojos del México se impusieron 97 a 92 sobre Santos de Potosí, un juego en el que la estrategia, y el liderazgo silencioso marcaron la diferencia para sellar la primera victoria de la serie.

Por: Fernando Franco

El partido entre Diablos y Santos de Potosí no solo fue una batalla en la duela, también marcó una noche especial para Elian Villafañe, quien asumió el rol de head coach por una razón muy particular, ya que Nicolás Casalánguida, entrenador principal, no pudo estar presente por compromisos con la selección argentina de básquetbol.

Sin hacer ruido ni buscar reflectores, Villafañe tomó las riendas del equipo con la misma seriedad con la que vive cada entrenamiento. No grita, no gesticula de más, pero se nota que está en cada detalle. Sus indicaciones son pocas, pero claras. Cuando algo no le gusta, basta con levantar los brazos y unos discretos reclamos a los árbitros. 

Foto: David Macias

Desde el inicio del partido, se notó su sello: orden, concentración y una defensa firme.  Aunque no es de los que celebran efusivamente, cada punto importante lo vivió con pequeños gestos que hablaban más que cualquier grito. Y cuando Diablos logró una racha positiva, Elian apretó el puño en silencio… pero con fuerza.

“Nosotros trabajamos todos los días de forma responsable, seria, muy comprometidos, respondemos todo en conjunto, no sentí una presión, se sintió como todos los partidos cuando está Nico.” Expresó visiblemente emocionado. 

Foto: David Macias

Fue una noche distinta, en la que Villafañe demostró que puede liderar con templanza, sin perder la intensidad. Sin necesidad de levantar la voz, hizo que todo el equipo jugara con la cabeza en alto y el corazón encendido. Porque a veces, los que hablan poco, son los que más hacen ruido en la cancha.

Foto: David Macias

Edición: David Macias

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