Alan completó el Maratón de la Ciudad de México en 195 minutos, acompañado de su hermano Daniel, y dedicó los 42.195 kilómetros a su madre fallecida, transformando la meta en un tributo personal.

Por: Leah Quintana

El Maratón de la Ciudad de México celebró su edición número 42, un número que parece escrito para la carrera: 42 ediciones, 42 kilómetros. Y como siempre, ahí están los 195 metros finales, que esta vez encontraron un eco especial: fueron 195 minutos exactos los que necesito Alan, acompañado de su hermano Daniel, para detener el reloj en el Zócalo, frente al Palacio Nacional.

📷: Leah Quintana

“Es mi tercer maratón, pero el más difícil”, confesó aún con la respiración agitada. “No fue por las piernas, fue por la cabeza. Lo corrí por mi mamá, que ya no está conmigo. Le prometí que este sería para ella y cumplí”.

La ciudad fue cómplice: la salida en Ciudad Universitaria con el sol apenas levantándose, los aplausos interminables en Reforma, los carteles fluorescentes en Chapultepec, el empedrado de Madero que obligaba a cuidar cada zancada. Y al final, la avenida 20 de Noviembre que desemboca en la plancha del Zócalo, donde la ovación suena más fuerte que el cansancio.

📷: Leah Quintana

En el kilómetro 32, cuando el muro se asomó, Daniel tomó la voz. “Le recordé que pensara en mamá. Eso lo empujó. Yo solo vine a correr con él, pero ella fue la que lo llevó hasta la meta”.

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A los 195 minutos, Daniel no solo completó una carrera, también convirtió los 42.195 metros en un homenaje íntimo. Porque en el maratón, como en la vida, llegar no siempre significa ganar: a veces significa volver a abrazar un recuerdo en el lugar donde termina la ruta.

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