Por: Ana Karen Morales

En un sábado lluvioso y con el aroma a humedad típico de la Ciudad de México, el estadio Ciudad de los Deportes se preparaba para la jornada 12 de la Liga MX, donde el Club América recibiría a Santos Laguna. A pesar de la tarde lluviosa, una historia diferente marcaría el comienzo de la noche, pues se encontraban Odin Lachino y Edgar Lacolz, un par de amigos con discapacidad motriz que reflejan lo que busca el fútbol mexicano.

Frente a la puerta 6 del estadio, ambos contaban su historia de amistad, comentando que era complicada, pues sus viviendas estaban bastante lejos una de la otra. Mientras tanto, cada uno vestía los colores que caracterizaban a los equipos protagonistas de aquel encuentro.

La gente, sorprendida por este tipo de amistad, se acercaba para escuchar un poco más de su historia. Edgar la relataba con una mezcla de emoción y humor, mencionando que se conocieron jugando, y que Odin le dio una patada tan fuerte que lo dejó sin poder caminar; de aquella caída, su amigo terminaría por hacerse aficionado del América.

Sin embargo, comentaba Odin, la verdadera historia que unía su amistad comenzó en un club de lectura, cuando su amigo ganó un premio de crónica sobre su capacidad motriz, la cual refiere que el aparato motor del cuerpo dificulta el control del movimiento. Ambos compartían esta discapacidad; sin embargo, lo que los separaba era la distancia, pues Odin vivía en la Ciudad de México y Edgar en Torreón.

Esto nos deja una reflexión sobre cómo el deporte puede unir a las personas a pesar de sus discapacidades, y cómo dos amigos pueden reunirse y disfrutar de un partido con la compañía del otro, sumando gustos entre ellos, pues la lectura los unía y el fútbol los acercaba.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.