Germán Berterame anotó su primer gol con la Selección Mexicana.
Por Juan Pablo Zúñiga

México y Ecuador empataron 1–1 en el Estadio Akron. El “Tri” mostró un arranque agresivo y ordenado: al 3’ abrió el marcador tras un error de la zaga ecuatoriana. La reacción ecuatoriana no tardó: al 20’, llegó el empate de penal. A partir de ahí, México tuvo momentos de circulación y presión alta, pero volvió a fallar en la contundencia y en la atención defensiva en jugadas puntuales.
El balance deja un progreso moderado (un once más equilibrado y transiciones más limpias), pero aún sin traducirse en el marcador. Con el Mundial a menos de 8 meses, no se percibe un nivel competitivo sólido ni una identidad estable que permita pensar en un salto de calidad inmediato. Ecuador, por su parte, administró con temple el empate y sostuvo el orden táctico.
Aun con ese arranque prometedor, el equipo volvió a mostrar altibajos que frustran a la afición. Los minutos posteriores al empate fueron una mezcla de intentos y errores: buenos movimientos, pero poca claridad al definir. El “Tri” generó, pero no concretó, y eso terminó borrando el brillo del inicio. Faltó calma, ideas y esa chispa que marca la diferencia en los partidos grandes.
Por momentos, México encontró ritmo y se notó una intención real de mejorar. El mediocampo trabajó mejor, la presión fue más coordinada y hubo señales positivas en ataque. Pero a pesar de ese esfuerzo, el equipo no logró imponer su autoridad ni cerrar el partido con fuerza. Esos detalles son los que separan a un conjunto en crecimiento de uno verdaderamente competitivo.



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