Una celebración anual de juegos, comida y el partido que reúne a la afición para vivir, en México, la emoción de Pittsburgh.
Por: Juan Pablo Zúñiga
En el Watch Party de los Steelers en México no solo se respiraba futbol americano, sino también historias de unión y legado. Entre jerseys, banderas y gritos de “Here we go!”, las familias se reunieron para vivir juntas una pasión que, más allá de las yardas, representa tradición y compañía.
Uno de los asistentes, Jorge, viajó desde Saltillo exclusivamente para ver el partido. Orgulloso con su gorra negra y amarilla, compartió que su amor por los Steelers nació gracias a su bisabuelo, quien le enseñó a seguir al equipo desde niño. Ahora, Jorge busca hacer lo mismo con sus tres hijos: “Más que un juego, es una forma de convivir con ellos, de compartir tiempo y valores como lo hizo mi familia conmigo”, contó emocionado.

Entre los asistentes también estaban Sofía y su mamá, ambas enfundadas en los colores del equipo. “No venimos por una victoria, sino a pasar un momento en familia”, dijo Sofía, quien comentó que desde pequeñas disfrutan ver los partidos juntas. Para ellas, el futbol americano va más allá del marcador: es la excusa perfecta para reunirse y disfrutar de algo que las conecta cada fin de semana.

Pero quizá la historia más curiosa fue la de la familia Martínez, en la que el hijo fue quien contagió a sus padres con el amor por los Steelers. Con una sonrisa, reconocieron que, aunque el equipo ha tenido un buen arranque, mantienen los pies en la tierra: “No creemos que lleguen a la final de conferencia, pero sí veremos a Pittsburgh en playoffs. Lo importante es disfrutarlo juntos.”

En un ambiente lleno de emoción, familias enteras celebraron el futbol americano como una tradición que cruza generaciones. Porque más allá de los touchdowns, el verdadero triunfo está en compartir la pasión, la emoción y el tiempo con quienes más amas.

Y mientras el estadio improvisado vibraba con cada jugada, quedaba claro que los colores negro y dorado no solo representan a un equipo, sino a una comunidad que encuentra en ellos una manera de sentirse parte de algo más grande. Una afición que no conoce fronteras, que viaja, se hereda y se comparte, como una historia que nunca deja de escribirse.


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