Entre gradas llenas, porras mexicanas y generaciones unidas por la pelota vasca, la familia Ortiz refleja el arraigo y crecimiento del frontball en el país durante una vibrante semifinal del Mundial Sub-23 en Iztapalapa.

Por: Santiago Alcántara
En México, el deporte se ha convertido en un símbolo lo suficientemente grande como para trascender de generación en generación. Mientras la mayoría de las familias mexicanas forman un lazo fuerte con el futbol, la familia de Ximena Ortiz se ha familiarizado con el frontball desde hace muchos años.
El Frontball es una modalidad de la pelota vasca, deporte que consiste en golpear una pelota para hacer rebotarla contra una pared con el objetivo de que el rival no pueda devolverla. Aunque no sea el más popular de México, Ximena comenta: “En todas las disciplinas hay competencia y ambiente… los mexicanos somos mucho de porras y mucho de ambiente.”

“Vinimos porque a mi abuelo le gusta el front; frecuenta los partidos porque conoció a muchas personas”, comentó la nieta de “El Señor Tamayo”, quien disfruta ir a ver jugar a las nuevas generaciones: “El espectáculo que brindan… es un privilegio ver jugar a gente que, por familias, ha seguido el nivel gracias a la buena herencia de dinastías”.
El abuelo Ortiz es fanático del futbol como el buen mexicano; sin embargo, cree que la pelota vasca ha tenido un impacto tardío en su vida y en México. “Jugué frontón, pero lo practiqué ya muy grande, y en Iztapalapa no había mucha difusión del deporte; con los llanos, botes y piedras, era más fácil practicar futbol… Los ‘chamacos’ que hoy lo practiquen, que aprovechen las pocas o muchas canchas que encuentren”.

“Me encanta este deporte, ando aquí con mis hijas y nietas para que lo practiquen algún día… se los transmito porque es divertido y venimos a ver cosas fuera de serie”, comentó el señor Ortiz para que su nieta lo escuchara y, entre risas, tratar de convencer a su nieta Ximena de dejar el voleibol y el futbol flag para unirse al frontball femenil.
Esta y muchas otras familias, hicieron pesar la localía de México en el Centro Deportivo Salvador Allende de Iztapalapa, donde en la semifinal de la categoría Sub-23, intimidaron con porras y ruido al cuerpo técnico chileno, quienes se verán obligados a pelear no más allá del tercer puesto del mundial.



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