Con un récord de 2-8, los Raiders atraviesan una crisis que exhibe fallas en ofensiva, defensiva y dirección deportiva.
Por: Santiago Segura

Las Vegas Raiders atraviesan uno de los momentos más complicados de los últimos años.
Con récord de 2-8, el equipo se ha convertido en uno de los peores de la liga y muestra una falta de identidad que se repite semana tras semana.

La ofensiva dirigida por Geno Smith no ha logrado establecerse; el juego terrestre es prácticamente inexistente y el quarterback se ha visto obligado a lanzar bajo presión constante, lo que provoca inconsistencias y errores en momentos clave. A esto se suma una defensa que compite por momentos, pero que termina cediendo ante cualquier ofensiva que logra encontrar ritmo.
La derrota ante Dallas dejó en evidencia muchos de los problemas estructurales del equipo: poca creatividad ofensiva, incapacidad para cerrar series, mala protección en la línea y una defensa que no puede sostener el ritmo durante los cuatro cuartos.
La frustración empieza a sentirse tanto en la afición como dentro del vestidor, pues el proyecto no muestra señales de progreso real, a pesar de haber seleccionado a Asthon Jeanty quien para muchos era el mejor corredor disponible en el draft.

Con la temporada prácticamente perdida, los Raiders se ven obligados a mirar hacia adelante: replantear la dirección del equipo, evaluar el futuro de su quarterback, revisar al staff de coacheo y tomar decisiones firmes si quieren evitar otro año estancado.
Las Vegas deberá usar las semanas restantes para encontrar respuestas, formar una base competitiva y definir qué clase de equipo quiere ser. De lo contrario, este 2025 podría convertirse en otro capítulo de transición sin rumbo para una franquicia que sigue buscando identidad.


Deja un comentario