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Por: Emiliano Sánchez Alpírez

El Paris Saint-Germain empató en la Champions League 1-1 con el Newcastle United en el Parque de los Príncipes y convirtió su dominio en frustración. El equipo francés tuvo el control del juego y las ocasiones para sentenciar, pero nunca supo cerrar el partido y terminó castigado justo antes del descanso, cuando el Newcastle encontró el empate en su único golpe claro.

El PSG tuvo el partido donde lo quiso durante largos tramos, pero nunca supo qué hacer con esa ventaja invisible. Dominó el balón, empujó al Newcastle contra su propio campo y acumuló situaciones que pedían un segundo gol. Sin embargo, cada aproximación reforzaba la misma sensación: el control no se transformaba en tranquilidad, y el marcador seguía abierto como una herida.

Ese fue el verdadero error de la noche. No una jugada puntual, ni una decisión arbitral, sino la incapacidad de cerrar un partido que parecía bajo control. El penal señalado tras la revisión del VAR fue la primera oportunidad para hacerlo. Dudoso o no, el PSG tuvo en sus pies la posibilidad de imponer una distancia temprana. El fallo no solo mantuvo vivo al rival, también instaló una ansiedad que no se fue más.

En la previa, Luis Enrique había dejado una frase que terminó pesando más de lo esperado: “Firmaría perder mañana y ganar la Champions”. En el campo, su equipo jugó como si el marcador pudiera esperar, como si el dominio bastara por sí solo. El problema fue que el fútbol no suele conceder tiempo extra a quienes postergan la sentencia.

Dominio sin sentencia

Foto: X @footballtodayhq

A partir de ahí, el dominio se volvió repetitivo e ineficaz. Las llegadas se parecían entre sí, las decisiones finales nunca encontraron precisión y las miradas empezaron a cruzarse con reproche. El Newcastle no necesitó disputar la posesión: entendió que el partido se jugaba en la paciencia y esperó el error, convencido de que el castigo llegaría solo si el PSG insistía sin contundencia.

El gol del empate, justo antes del descanso, no fue una sorpresa. Fue la consecuencia lógica de un partido que el PSG se negó a cerrar cuando tuvo la oportunidad. Una acción aislada bastó para borrar todo el dominio previo y equilibrar un marcador que nunca reflejó el desarrollo, pero sí la fragilidad del control parisino

La segunda parte no cambió la historia, solo la profundizó. El PSG volvió a instalarse en campo rival, pero ahora con urgencia. El juego se llenó de precipitación, los cambios no ofrecieron respuestas y el balón empezó a pesar. Cada intento fallido confirmó que el problema no era futbolístico, sino mental: el equipo había perdido la calma mucho antes de perder la ventaja.

El Newcastle, lejos de desordenarse, creció desde la espera. Cada transición generó peligro y cada balón parado pareció una amenaza mayor que los múltiples ataques parisinos. Incluso cuando el PSG se volcó por completo, el empate nunca estuvo realmente bajo control.

El castigo de no cerrar

El final dejó un contraste elocuente. En el PSG, gestos serios y silencio; en el Newcastle, aplausos y complicidad con su gente. No hubo celebración desmedida, solo la sensación de haber sobrevivido a un partido que el rival se encargó de mantener abierto.

El empate no nació del azar. Fue el resultado de un dominio sin cierre. El PSG tuvo todo para sentenciar y eligió no hacerlo. El Newcastle solo tuvo que esperar.

Ficha del partido

PSG 1-1 Newcastle

Goles: Vitinha 8’ (PSG) y Joe Willoc 45+2’ (Newcastle)

Estadio: Parque de los Príncipes

Fecha: 28 de enero de 2026

Torneo: Champion League Jornada 8

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