
Por: Fátima Temix
Hay partidos que no se juegan, se luchan. El Celtic no salió a imponer desde la calma, salió desde la urgencia, desde esa sensación de que el partido se podía romper en cualquier momento y se rompió varias veces para ambos lados.
El 4-2 final dice que fue control, pero el marcador miente un poco. El Utrecht no vino de paseo y hubo ratos en los que el balón parecía no pertenecerle a nadie; El Celtic, en cambio, jugó como si supiera que el caos también es una forma de ventaja cuando sabes cómo usarla.
No fue un partido de orden, fue uno de emociones. De esos donde el estadio da ese empujón de aliento, incluso cuando el equipo se siente dudoso y cuando el Utrecht se acercó, cuando amenazó con meterse en la historia, el Celtic respondió con algo más que futbol y respondió con carácter donde cada gol fue un golpe de autoridad, no tanto por la forma sino por el momento.
El Celtic atacó como piensa y es algo fácil de notar rápido, directo, sin pedir permiso. A veces precipitado, a veces brillante pero siempre con la sensación de que el siguiente ataque podía ser el definitivo, y así lo fue más de una vez.
La lectura perfecta del partido
Los goles llegaron como llegan las cosas importantes que son sin aviso en donde parecía que el partido pedía pausa, el Celtic aceleró. Cuando el Utrecht creyó que estaba dentro, lo sacaron de golpe. Así se construyó el resultado, no desde la perfección, sino desde la insistencia.
Al final, el 4-2 no habla solo de goles, habla de personalidad. De un Celtic que entiende que ganar también es saber levantarte cuando el partido se ensucia y que hay noches donde no basta con jugar bien, hay que jugar convencido.
Y hoy, el Celtic lo estuvo.
Ficha del partido:
Celtic:
Benjamin Nygren 6′
N. Viergever 10′
Arne Engels 19′
Auston Trusty 66′
Utrecht:
Dani De Wit 44′
Adrian Blake 62′


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