Foto por: Gerardo Padilla

Por: Gerardo Padilla Huitrón

En la grada norte del Olímpico Universitario se sentó una familia lagunera que hoy vive en la Ciudad de México y que sigue a Santos sin importar el momento. Vienen de ver la derrota 3-1 ante Necaxa, en Torreón y ahora miran otro capítulo incómodo: Santos frente a Pumas, con sentimientos mezclados pero sin rencores.

De entrada lo aclaran: no sienten rivalidad con Pumas. “Nunca ha sido un equipo que nos caiga mal”, dicen. La memoria se va a otro estadio, a otra época. “Me acuerdo de un juego en el Corona viejo. Santos iba perdiendo 2-0 y lo remontó Darwin Quintero. Yo fui ese día, todavía me acuerdo”, cuenta el padre, como quien no necesita adornar el recuerdo.

El nombre de Uriel Antuna aparece natural. Canterano de Santos y hoy jugador universitario. “Mi sobrino jugaba con él donde se formó, en una escuela en Durango. Lo conocemos desde chavo”, explica. Desde entonces se hablaba de su talento, de lo que podía llegar a ser. “Traía muy buen juego… ahorita como que ya bajó poquito”.

No hay reclamo, hay contexto. “El hate pega mucho, es muy canijo. Creo que eso también le ha afectado”, agrega. Hoy Antuna está en Pumas y, como laguneros, esperan que este paso le sirva. “Ojalá aquí vuelva a despuntar. Todavía tiene tiempo, en una de esas hasta para colarse al Mundial”.

No hablan desde la estadística ni desde la tribuna caliente. Hablan desde la memoria: de alguien que estuvo en el Corona viejo, que lo vio empezar y que entiende que el futbol no siempre es lineal.

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