• El Estadio San Siro de Milán se iluminó con luces, música y una exhibición de cultura italiana para dar inicio a los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026.
Por: Fátima Reyes
Ellos sonreían, mientras era abucheados, por un público que se convirtió en un juez implacable. Los atletas de Estados Unidos e Israel caminaron acompañados de rechazo en plena ceremonia de Inauguración de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026. El rostro de los deportistas de ambos países intentaba ocultar la desazón, pero no lo lograron.

El vicepresidente de EU, JD Vance, aplaudía a los suyos. Un sonido opacado por la silbatina que ha provocado la política bélica y antiinmigrante de Donald Trump. Como nunca, el ondear de la bandera de las barras y las estrellas fue el reflejo de un mundo tenso, plagado de amenazas.
Desde el desfile de las naciones, sectores del público manifestaron su descontento cada que se trataba algo por parte de Estados Unidos, un descontento muy marcado y que la gente se hacía notar con mucha tensión.

Por parte de Israel, pequeña pero visible, también enfrentó silbidos y desaprobaciones al entrar al estadio, señal de que los conflictos geopolíticos en Medio Oriente están presentes incluso en la que debería ser la arena más neutral del deporte mundial.
Se debe mencionar también que estos abucheos no pueden entenderse sin considerar el clima político global y las tensiones internas en varios países. Italia, país anfitrión, fue escenario de protestas semanas antes que la antorcha olímpica recorriera sus calles, en parte por la oposición a la presencia israelí en los Juegos en el contexto del conflicto en Gaza.

Por parte de la voz de los atletas y en medio de este clima polémico, varios atletas de Team USA compartieron sus sentimientos sobre lo que significa competir bajo la bandera estadounidense en un momento tan delicado.
Uno de los comentarios más marcados fue el del esquiador de estilo libre Chris Lillis, quien abordó directamente la tensión entre el simbolismo nacional y la responsabilidad personal:
“Aunque tenga la bandera de Estados Unidos, no soy responsable de lo que pasa en mi país.”
Lillis explicó que, si bien ama representar a su nación en el deporte, siente “corazón roto” por las políticas y eventos recientes dentro de Estados Unidos, y fue claro en que competir con el uniforme olímpico no equivale a respaldar todas las decisiones de su gobierno.

Sus palabras reflejan una tensión vivida por muchos atletas que, sin abandonar el orgullo por su país, buscan diferenciarse de decisiones políticas que generan críticas o rechazo internacional. Al final, los del talento profesional son ellos, toman en cuenta que su esfuerzo y disciplina están fuera de este tipo de cosas y estas declaraciones subrayan el que aún en un terreno pensado para la solidaridad entre naciones, los deportistas no son ajenos a los debates y conflictos de su tiempo.
La ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 será recordada no solo por su espectáculo artístico o la magnitud del evento, sino también por la evidente politización de lo que suele ser un momento libre de discordia política. Los abucheos hacia Estados Unidos e Israel, los debates en torno a políticas migratorias y los comentarios de atletas como Lillis muestran que incluso la plataforma olímpica, que proclama ser un espacio de unidad, no está apartada de las divisiones globales actuales.
Mientras las pruebas deportivas avanzan, la atención del mundo no solo se fijará en el hielo y la nieve, sino también en cómo los Juegos manejan este delicado equilibrio entre deporte, representación y política internacional.
Editado por: Natalia Hidalgo.


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