El mexicano Mateo Chávez colaboró en el 1-0 y tuvo al AZ Alkmaar con la victoria en la bolsa ante Ajax, pero un gol de cabeza al 93′ de Kian Fitz-Jim le robó el triunfo y dejó el marcador en un doloroso 1-1.

Por: Polo Carrillo


Mateo Chávez no logró blindar la victoria ante el asedio del Ajax. A pesar de que la intervención de Mateo resultó vital para el único grito de guerra de su escuadra, el AZ Alkmaar firmó tablas (1-1) ante su antagonista. Un tanto de Kian Fitz-Jim en los finales del encuentro, arrebató la gloria a los locales.


La contienda inició bajo un augurio incierto. Una densa niebla y el retraso del inicio, causado por el humo de la pirotecnia, anticiparon el drama que acechaba dicho evento.

Foto: Ajax


Cinco minutos tras la hora señalada, el duelo inició en el hogar de los Kaaskoppen. Conforme el humo se disipaba, también se desvaneció el ímpetu de los locales; el Ajax impuso su ley y dominó gran parte de la primera parte.


Sin embargo, aquel asedio fue estéril, pues el visitante fue incapaz de capitalizar su clara superioridad técnica ante los muros defensivos.


La tragedia se hizo presente cuando uno de los guerreros del AZ cayó herido y abandonó el campo en el final de la primera mitad. No obstante, cual profecía dictada, un joven caballero destinado a la gloria hizo su entrada: Mateo Chávez, el legionario mexicano, se calzó la armadura para demostrar su valía.


No pasaron ni diez minutos tras el reinicio, cuando aconteció el instante cumbre. Un potente proyectil disparado por Mateo, vulneró la guardia del guardameta; este interpuso las manos, pero su esfuerzo resultó insuficiente. El rebote quedó a merced de Wouter Goes, quien asestó un golpe crítico que dejó al rival herido de gravedad.


La hegemonía que el visitante ostentó al inicio se desmoronó. El Alkmaar hirió de muerte al Ajax y, a partir de ese instante, sometió a su oponente bajo su yugo.

Foto: Ajax


Pero esta gesta no se escribió para un final de júbilo, más bien para uno de ironía. En los minutos finales, mientras la grada entonaba cánticos de victoria y los jugadores saboreaban el festín del triunfo, el destino dio un giro inesperado.


Un cabezazo de Fitz-Jim al minuto 93 tomó desprevenida a toda la guardia local, incluido Mateo. Sí, el marcador dictó un empate, sin embargo, el relato que prometía la victoria del héroe culminó en un desenlace gris, más propio de una tragedia que de un cuento con final feliz.

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