*Los Patriots buscaron revivir la épica de hace 11 años, pero esta vez la esperanza no fue suficiente para evitar la caída.

Foto de: Gael Caudillo

Por: Santiago Rocha

El Wingstop se convirtió desde temprano en territorio patriota. Entre alitas, vasos de refresco y pantallas a todo volumen, el kickoff vino acompañado de un grito que salió del alma: “Let’s go, Patriots”. Las mesas vibraron con entusiasmo, por ver a su equipo nuevamente en el Super Bowl y, casi de inmediato, el coro se transformó en ilusión pura: “Drake Maye MVP”. Las miradas estaban llenas de esperanza; cada jugada se celebraba como si fuera el inicio de una nueva historia o quizá, la repetición de aquella que ocurrió hace 11 años.


El primer cuarto fue solo fe. Fe en el joven mariscal, fe en el futuro y fe en que algo especial podía estar naciendo. Sin embargo, el segundo cuarto empezó a romper el ambiente. Dos patadas, seis puntos, y el marcador se puso 9-0 en contra. Las sonrisas se hicieron más discretas, el murmullo bajó de intensidad y el nerviosismo se sentó a la mesa. Aun así, nadie soltó del todo la ilusión; el recuerdo de aquel Super Bowl contra Seahawks seguía presente.

Foto de: Gael Caudillo


El medio tiempo fue un respiro emocional. Bad Bunny tomó el escenario y el Wingstop olvidó por momentos el marcador. “Tití me preguntó”, “El apagón” y “Debí tirar más fotos” fueron cantadas por todos. El lugar volvió a sacudirse, el ánimo se recargó y la noche se transformó en fiesta, aunque fuera por un instante.


El tercer cuarto devolvió la realidad. El fumble de Drake Maye cayó como un golpe seco. Seahawks quedó peligrosamente cerca de la zona de anotación y el silencio se apoderó del lugar. Manos a la cabeza, miradas perdidas y una tristeza que empezaba a notarse. La esperanza seguía viva, pero ahora pendía de un hilo.

Foto de:Gael Caudillo


El cuarto capítulo comenzó con otro golpe. El touchdown de Seahawks puso el 19-0 en el marcador y la fe empezó a cambiar. Algunos se recargaron en sus sillas, otros solo movían la cabeza con negatividad. Parecía que la historia ya estaba escrita.


Pero en la siguiente posesión, Drake Maye despertó. El ataque cobró vida y, con el primer touchdown de los Patriots, el Wingstop explotó. El “Let’s go, Patriots” retumbó con más fuerza que nunca. Las mesas temblaron, las palmas chocaron y la ilusión regresó con fuerza. Era la misma esperanza de hace 11 años, la de creer que contra Seahawks nada está decidido hasta el final.

Foto de: Gael Caudillo


Sin embargo, a tan solo ocho minutos de que terminara el último cuarto, todo se vino abajo. La intercepción a Drake Maye fue el golpe definitivo. La esperanza se desplomó en cuestión de segundos. El ambiente pasó de la euforia al silencio, de la ilusión a la desilusión.
Al final, con el reloj consumiendo los últimos segundos y la derrota confirmada, todos se fueron tristes y sin ánimos por la derrota de los Patriots.

Editor: René Hernández

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