Un cabezazo de Carlos Rodríguez al minuto 85 selló el 2-1 y frenó el paso perfecto de Chivas de Guadalajara en el Estadio Cuauhtémoc.
Por: Fátima Temix
La euforia no entró caminando al Estadio Cuauhtémoc explotó (Jornada 7, clausura 2026). Se hizo presente por las gradas, bajó por las escaleras y terminó instalada en el césped cuando Carlos Rodríguez al min 85’ se elevó entre dos defensas y conectó un cabezazo que partió la noche con un marcador 2-1 y con esto Cruz Azul le rompe la perfección a Chivas después de seis fechas. El grito fue un solo latido, la red se movió y con ella, todo el estadio.
En la tribuna se alcanzó a ver cómo Cruz Azul salió decidido desde el primer minuto. La pelota corrió con intención, no era posesión por tenerla, era posesión con hambre. Chivas intentó responder con velocidad por las bandas, pero cada avance se encontró con una muralla celeste que no estaba dispuesta a ceder ni un centímetro. El mediocampo fue un tablero de ajedrez donde cada movimiento tenía cálculo y tensión.
El primer tiempo fue un intercambio de golpes. Guadalajara presionó alto, incomodó la salida y obligó a jugar largo. Cruz Azul, paciente, tejió sus jugadas como quien borda sin prisa pero sin pausa. Hubo una atajada que arrancó suspiros, un disparo que besó el poste y el murmullo constante de una afición que sabía que algo grande estaba por pasar.

Antes del cabezazo que partió la noche, en el primer tiempo hubo otro golpe celeste. Gabriel “Toro” Fernández apareció al min 34’ como los delanteros que no piden permiso, solo espacio. La jugada nació bien concretada, avanzó con decisión y terminó en el área, donde el balón quedó vivo apenas un segundo. El «Toro» atacó con instinto puro, con hambre de área, y definió con potencia. El disparo no fue elegante, fue contundente. La red se sacudió y el grito bajó de las tribunas como una ola espesa y azul. Cruz Azul pegó primero y lo hizo con autoridad.

Pero el futbol tiene memoria, y también ironías. Ángel Sepúlveda encontró su momento al min 80’ frente a un equipo que conoce bien. La llamada “ley del ex” no es mito cuando el destino acomoda los tiempos. El centro llegó preciso y Sepúlveda atacó el espacio con determinación; su remate fue certero, sin titubeos. Festejó con sus nuevos compañeros y el impacto fue inevitable. El balón cruzó la línea y por un instante el estadio quedó dividido entre el silencio y el estallido rojiblanco. La ley del ex se cumplía, discreta pero implacable, recordando que en el futbol los reencuentros casi nunca son casualidad.
En el complemento, el partido dejó de ser estrategia y se convirtió en carácter. Las piernas pesaron, pero el orgullo pesó más. Cada balón dividido se disputó como si fuera el último. Y entonces llegó el momento que partió el encuentro. Tiro preciso y, Carlos Rodríguez atacó el espacio con determinación en el aire y el cabezazo fue seco, contundente, imposible para Rangel . La red se estremeció y el Cuauhtémoc rugió como si despertara un gigante.

Chivas intentó reaccionar, fallas de la «Hormiga», desesperación, un partido lleno de tarjetas amarillas pero, Guadalajara adelantó líneas y empujó con más corazón que claridad. Cruz Azul resistió con orden, defendiendo no solo un marcador, sino quitándole lo invicto a Chivas. El silbatazo final cayó como liberación celeste.
Hay partidos que se juegan, y hay partidos que se sienten. Este fue de los que se sienten, y así Cruz Azul demostró que la perfección ya no existe y está para pelear el título. No es un espejismo, sino un protagonista.
Ficha del partido
Gabriel Fernández 34′
Ángel Sepúlveda 81′
Carlos Rodríguez 85′
Estadio Cuauhtémoc: 51,726


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