Aficionados de Chivas de Guadalajara protagonizaron momentos de tensión antes del duelo ante Cruz Azul en el Estadio Cuauhtémoc.
Por: Fátima Temix
El ambiente ya estaba tenso, los aficionados gritaron con gran intensidad “vamos chivas, dale rebaño” alentando a su equipo sin importar lo que pasara a su alrededor. Las filas parecían serpientes que parecían no tener fin. De pronto, el orden se quebró. Un empujón llevó a otro y en cuestión de segundos la puerta dejó de ser frontera para convertirse en obstáculo vencido.
El portazo no fue solo un golpe metálico, fue un estruendo que sacudió el acceso y encendió el caos. Gritos, carreras y la seguridad intentó contener, pero la presión de la multitud era un río desbordado. Ya dentro del estadio se escuchó el ruido y aficionados de chivas en aglomeracion, tratando de tener un lugar y algunos más solo grabando con el celular.
Con el paso de los minutos, el escenario cambió. Varios aficionados de Chivas, que se habían quedado sin acceso claro, insistieron hasta lograr entrar. No fue de manera discreta, entre discusiones y tensión, terminaron siendo escoltados por elementos de policía. Caminaron entre miradas cruzadas, entre silbidos y comentarios, dirigidos hacia algunos espacios vacíos en las gradas. El contraste era inevitable, el desorden adentro y el balón ya rodando como si nada pasara.
Mientras en la cancha se disputaban cada pelota, en las tribunas también se jugaba otro partido de la pasión desbordada. Porque el futbol no solo es táctica y goles, también es emoción sin medida, a veces descontrolada, que empuja puertas y rompe filas.
Esa noche entendí que en el Cuauhtémoc no solo vibró la red con el gol; también vibraron las entradas, las rejas y la paciencia. El espectáculo empezó antes del minuto uno.


Deja un comentario