Los diablos exponen a un Guadalajara impreciso y sin reacción, acumulando su segunda caída consecutiva y dejando señales de retroceso.
Por Valentina Fernández
Chivas no cayó en Toluca por accidente, sino porque desde la jornada 7 dejó de jugar como líder. Se vio a un equipo confiado por el paso que había tenido en el arranque del torneo, pero lejos de aquella versión sólida y convincente.
Toluca confirmó su buen momento al imponerse 2-0 en el Nemesio Diez, mientras Guadalajara perdió terreno en la parte alta de la tabla, acumulando su segundo golpe consecutivo tras haber dejado atrás el invicto la jornada anterior.
La racha rojiblanca terminó ante Cruz Azul, pero lo que realmente comenzó a diluirse fue la seguridad. Aquel equipo que dominaba los tiempos, que se mostraba cómodo en la circulación y convencido de su planteamiento, hoy luce impreciso y afectado en lo anímico.
Guadalajara jugó sin conexiones y sin posesión. El balón no circuló con la naturalidad que había caracterizado al equipo en semanas previas, y cada recuperación de Toluca se transformó en amenaza

Él “Oso” González terminó siendo el reflejo más evidente del mal momento del rebaño. Ante el actual campeón, no encontró respuestas. En el torneo pasado cargó con goles y liderazgo ofensivo, pero en el transcurso del Clausura 2026 se le nota acelerado, incómodo y presionado. Varias pérdidas nacieron de decisiones equivocadas, controles defectuosos o una lectura tardía de los movimientos de sus compañeros.

El estratega Gabriel Milito tampoco logró cambiar el rumbo. Los ajustes desde el banquillo no modificaron la dinámica y el equipo fue perdiendo energía con el paso de los minutos.
Lo más preocupante del rebaño no fue la derrota, sino la sensación de retroceso. El equipo que inició el torneo marcando el ritmo ahora parece escaso de ideas. Se fue el invicto y, con ello, también el liderato rojiblanco.



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