Temerario y Shezmu, entregando el reconocimiento a Daniel López, El Satánico.
foto vía Instagram: @satanicocmll

Daniel López no se retiró como héroe, se fue como lo que siempre fue, un rudo incómodo, inteligente y dominante, capaz de imponerse hasta el final y demostrar que, en la lucha libre, no siempre el más querido es el más grande, sino el que sabe quedarse en la memoria.

Por: Ángel Ortíz

El final llegó aunque cueste aceptarlo. El Satánico se despidió de la lucha libre en la Arena México, ese lugar donde durante años fue abucheado, odiado y al final, respetado. No fue un adiós cualquiera. Y como si todo tuviera que cerrarse a su manera, Daniel López se fue ganando, venciendo en un triangular a Atlantis y Blue Panther, dejando en claro que hasta el último segundo seguía siendo ese rudo que sabía cómo resolver.

Hablar de El Satánico es hablar de una carrera larguísima, pero sobre todo importante, pues el nacido en Guadalajara en 1949 con el tiempo se convirtió en un referente del Consejo Mundial de Lucha Libre. No era el típico luchador que buscaba caer bien al contrario, entendió su papel como rudo mejor que muchos otros. Provocar, incomodar y hacer que la gente reaccionara. El rudo número 1 de México, marcó época y acumuló campeonatos, pero más allá de eso, construyó un personaje que la gente nunca olvidó.

También fue maestro y de los duros, pues durante años formó luchadores dentro y fuera del CMLL, dejando huella en varias generaciones. No solo enseñaba técnica, también enseñaba carácter, algo que hoy se nota en muchos de los que pasaron por sus manos.

La noche de Homenaje a dos leyendas tuvo ese ambiente especial desde el inicio, su entrada fue distinta, más emocional, con reconocimiento incluido y su familia cerca. Pero en cuanto empezó la lucha, todo eso quedó a un lado. Primero salió Atlantis, tras un error que le costó la eliminación y ya en el cierre, frente a Blue Panther, la lucha se volvió más cerrada, más de experiencia que de fuerza.

Al final, El Satánico hizo lo que mejor sabía. Un castigo que prendió a la gente, seguido de su clásica llave, el “nudo” y la cuenta de tres. Así, sin exagerar, sin inventar nada raro.
Ganó su última lucha y cerró su carrera como muchos no pueden hacerlo.

Después tomó el micrófono y ahí sí, cambió todo. Se le notaba su emoción y su nostalgia: “Quiero aprovechar para pedirle a mi esposa y a mis hijos perdón por haberles fallado en los eventos escolares, en sus cumpleaños, en compromisos, pero había que trabajar, y era una cosa u otra y no me arrepiento. Gracias a mi familia por apoyarme siempre».

A sus 76 años, El Satánico se retiró después de más de cinco décadas en el ring. Se va un rudo, un referente, un maestro y una leyenda.

Editor: Emilio Galicia.

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