- Carlos Ulberg superó su momento más crítico ante Jiří Procházka y definió la pelea con un solo golpe. En una contienda donde estuvo contra las cuerdas, el neozelandés impuso calma, lectura y precisión para quedarse con el cinturón de los semicompletos, mientras su rival dejó escapar el control en el instante decisivo.
Por: Dawson Alcantara
Lo de Carlos Ulberg no fue una simple victoria, fue una prueba de carácter en el peor momento posible, porque cuando parecía que la pelea se le estaba yendo de las manos, cuando la movilidad ya no era la misma y Jiří Procházka empezaba a adueñarse del escenario, el neozelandés encontró justo lo que distingue a los campeones de verdad, calma en medio del caos, no necesitó dominar toda la pelea, le bastó con entender que una sola ventana podía cambiarlo todo, y la aprovechó de forma brutal.
“Fue mi rodilla, se me fue. Sabía que lo único que necesitaba era un golpe, por eso confiaba en mí mismo. Sabía que él estaba en su zona de confort, que una mano le iba a noquear. De eso va, de conseguir estos momentos, de este golpe que le mata. Esa es la presión que pongo en mis entrenadores y compañeros, todo lo que he puesto en mis entrenamientos, lo que he tenido que pasar y sacrificar. ¡El rey Carlos! Os dije que todo iba a cambiar, que iba a ser el rey de esta división”, afirmó Carlos Ulberg.
La lectura que deja esta pelea es fuerte, Procházka tuvo por momentos la sensación de control, presionó, atacó a un rival visiblemente disminuido y dio la impresión de que el cierre estaba cerca, pero en vez de terminar la obra, dejó respirar a un peleador que jamás salió mentalmente del combate, ahí estuvo el error más caro de la noche, porque Ulberg, incluso tocado, siguió pensando como peleador inteligente y no como sobreviviente, aguantó el momento más complicado y cuando vio a Jiří mal parado, soltó el zurdazo que cambió toda la historia de la división.
Más que hablar del nocaut, esta pelea habla del tipo de campeón que acaba de coronarse UFC, Ulberg no ganó desde la comodidad, ganó desde la resistencia, desde la cabeza fría y desde la precisión, en una división donde muchas veces todo se resuelve por fuerza bruta, él resolvió con temple, eso también explica por qué su victoria pega tanto, porque no se sintió como una casualidad, se sintió como el premio a un peleador que supo esperar el segundo exacto para cambiar su vida.
“A veces pasa. Estaba sintiendo piedad en esta pelea. Estaba muy triste por él y esa es uno de los mayores errores de mi vida. Había ganado esta pelea, estaba en mi mano. Simplemente le he dejado porque me sentía triste por él. Sentí misericordia. Volveré. La vida trata de esto, de aprender y ser mejor. Lo siento por lo de esta noche”, afirmó Jiří Procházka.
Del otro lado, Procházka volvió a dejar una sensación rara, sigue siendo peligrosísimo, sigue siendo espectacular y sigue teniendo ese estilo que obliga a mirarlo, pero otra vez quedó expuesto por detalles de control y lectura, porque una pelea de campeonato no solo se gana yendo al frente, también se gana sabiendo cuándo rematar, y ayer no lo hizo, tuvo enfrente a un rival lastimado y aun así terminó noqueado, eso dice mucho de la pegada de Ulberg, pero también dice bastante de la desconcentración del checo en el momento decisivo.
Al final, la imagen que queda no es solo la de un nocaut, sino la de un campeón nuevo que apareció cuando todo apuntaba en contra, Ulberg convirtió una pelea que parecía perdida en una coronación inesperada, y eso en UFC vale muchísimo más que una victoria cómoda, porque los cinturones se disputan con técnica, sí, pero muchas veces se terminan quedando con el que resiste mejor la tormenta, y ayer Carlos Ulberg hizo exactamente eso, sobrevivió, pensó y castigó, así se volvió el nuevo rey de los semicompletos.
Editor: Gerardo Padilla


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