Por: Jesús Patiño / Licenciatura JRF

Durante los Juegos Olímpicos (JJOO) no sólo compites contra el resto de los atletas, también luchas por demostrar que eres mejor de lo que la gente piensa.

A casi 80 años de que se llevara a cabo la máxima justa deportiva en Berlín, dentro de uno de los ambientes políticos más tensos de la competición por la presencia de Hitler y su deseo de la supremacía aria, recordamos a uno de aquellos hombres que arribaron al cielo del olimpismo, incluso ante las miradas incrédulas de los organizadores y de su propio país de origen: Jesse Owens.

Décimo hijo de una familia de labradores proveniente de Alabama, Estados Unidos, el pequeño James Cleveland Owens pasó gran parte de su juventud repartiendo periódicos, despachando gasolina o siendo mensajero. Sin embargo su vida cambio hasta que en su vida colegial encontró en el deporte, más específicamente en el atletismo, una motivación para demostrar de lo que era capaz, y que el racismo tampoco sería un impedimento.

Tras irrumpir en una competencia estatal logrando romper cuatro records mundiales en tan sólo 45 minutos, aseguró su presencia en los JJOO de Berlín 1936. Sus capacidades tan dominantes se reflejaron en dicha competición, consiguiendo cuatro medallas doradas con el Führer como uno de muchos espectadores del primer estadounidense en ganar ese número de preseas de oro.

Sus éxitos en las pruebas de 100 y 200 metros planos, salto de longitud y relevos 4X100 metros, se consumaron ante el mito de que Hitler enfureció al ver como una persona de color superaba a la raza aria. No obstante, no sólo quedó en el supuesto desprecio de los organizadores hacia Owens, también el atleta llegó a declarar: “No fui invitado a estrechar la mano de Hitler, pero tampoco fui invitado a la Casa Blanca a dar la mano al Presidente”.

Pero no todo fue adversidad en el camino del ‘Antílope de Ebano’, también es memorable la anécdota cuando obtuvo su presea en el salto de longitud. Durante la eliminatoria, y  a un intento fallido más de ser descalificado, el entonces su máximo rival, el alemán Carl Luz Long, decidió aconsejarle que saltara antes de la tabla para evitar otro nulo, sabiendo que aun así conseguiría la marca de la clasificación y que a la postre terminaría ganando la disciplina.

Jesse Owens regresó a su nación sin el reconocimiento que otros deportistas tuvieron por resultados similares. Compitió un tiempo más en Europa, lugar donde fue más aclamado por sus cualidades físicas, hasta que volvió a los Estados Unidos para tratar de sacar adelante a su familia mediante diversos trabajos. Finalmente la muerte llegó para él en 1980, a causa de cáncer de pulmón.

A 99 días de Río 2016, la Agencia JRF conmemora a uno de los dioses del olimpismo.

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