
Por: Naidy Vázquez ///
En el mundo del deporte, a veces el destino juega un papel sorprendente al abrir puertas inesperadas para aquellos que están dispuestos a tomar riesgos.
Un domingo por la mañana a Valeria Peñaloza Coyt se le presentó una oportunidad que cambió su vida. Por casualidad, el equipo de tocho bandera de su hermano se quedó sin una integrante y decidieron invitarla a jugar. Sin saberlo, estaba a punto de descubrir su pasión por este deporte.
No tenía conocimientos previos sobre este deporte, sin embargo, su disposición y curiosidad la llevaron a adentrarse en un camino sin retorno. Desde ese día, Valeria se enamoró del tocho bandera. Su energía, habilidad y determinación rápidamente la convirtieron en una jugadora destacada.
Su pasión fue tanta, que decidió buscar una universidad que tuviera equipo de tocho y que participara en diversas competencias. Su primera hazaña, fue convertirse en campeona nacional de Tocho Bandera Equipado en Monterrey, formó parte del equipo las Linces de la Universidad del Valle de México (UVM). Superó todos los obstáculos y demostró su valía en un deporte en el que carecía de experiencia. Si mayor logro fue conseguir su equipamiento prestado.
Inició en el futbol, pero lo dejó por el tocho
Antes de empezar en el tocho jugó futbol, un deporte tradicionalmente dominado por hombres, vivió experiencias desagradables debido a su género.
Su participación como portera en los partidos de futbol se limitaba a casos excepcionales, cuando ningún niño podía asumir ese rol. Sin embargo, en lugar de dejarse desalentar por esta situación, Valeria encontró la fuerza para alzar la voz y luchar por la igualdad de ella y sus compañeras.
Empezó a jugar tocho a los 13 años, esta elección siempre será un grato momento porque a diferencia del futbol soccer, aquí no vivió una experiencia de ese estilo.
“Creo que si lo hubiera practicado cuando inicié el futbol, hubiera ocurrido una situación similar”. Mencionó Valeria
Travesía inesperada en Survivor

Lo que comenzó como una decisión impulsada por su padre terminó en una experiencia transformadora para Valeria. Ingresó a la competencia de supervivencia televisiva llamada Survivor, sin recordar siquiera haberse registrado para el programa. A pesar de su reticencia inicial, Valeria descubrió que su participación en el famoso reality show no solo le permitió valorar aspectos importantes de su vida, sino que también la ayudó a crecer emocionalmente.
Survivor no sólo fue un programa de televisión para ella, también logró un viaje de autodescubrimiento y una oportunidad para valorar las cosas que a menudo damos por sentado en nuestra vida cotidiana, pero sobre todo, a valorar las relaciones y a conectar emocionalmente con los demás.
En un giro desafortunado del destino, una lesión en el brazo la dejó fuera de combate. Valeria, quien se perfilaba como una fuerte contendiente en la competencia, vio caer su sueño. Tomó la polémica decisión de no someterse a una operación y optó por un tratamiento de rehabilitación para recuperarse de su lesión. Su objetivo era regresar a los terrenos de juego en las mejores condiciones posibles. Lamentablemente, su retorno no fue como esperaba, durante una prueba posterior se fracturó la pierna, sumando así una nueva y complicada lesión a su historial.
“Lo crees, lo creas”
En un mundo lleno de desafíos y obstáculos, las palabras de Valeria resonaron como un recordatorio poderoso de que para conseguir lo que quieres, debes irlo construyendo poco a poco, esto puede marcar la diferencia. «Lo crees, lo creas» es el lema de vida de esta joven, quien ha logrado superar adversidades y alcanzar el éxito gracias a su actitud positiva y determinación inquebrantable.
Tiene sus raíces en la creencia de que nuestra mentalidad y nuestros pensamientos influyen directamente en nuestro destino. Aprendió esta lección a través de experiencias personales y profesionales desafiantes, donde la fe en sí misma y la visualización de sus metas fueron cruciales para superar los obstáculos. Sólo queda decir “lo crees, lo creas”.

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